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Generalmente cuando se habla de Miguel de Cervantes y Saavedra, es inevitable la referencia al Quijote. Pero hoy queremos hablar sobre sus novelas cortas, conocidas por la posteridad como las “Novelas ejemplares”, y que no desmerecen en nada al genio del máximo exponente de las letras españolas.
Escritas entre 1590 y 1612, en su prólogo el autor proclama: “Yo soy el primer que ha novelado en lengua castellana”. En la literatura española no había entonces tradición de novela corta, y las que circulaban entonces eran traducciones o adaptaciones de las italianas.
Precisamente fue Cervantes quien españolizó el género y lo ennobleció en nuestra lengua, La primera de las “Novelas ejemplares” es “La gitanilla”, que narra la relación entre Preciosa y un joven capaz de renunciar a su alcurnia por amor.
Un cierre magistral para doce historias
Otra de las “Novelas ejemplares” de Cervantes es “Rinconete y Cortadillo”, una inmersión en los bajos fondos de la época cervantina, en cuyas páginas sobresalen la mejor ironía y humor del escritor. La denuncia de la degradación moral de la España del siglo XVI, culmina con el insuperable cuadro realista de la cofradía de Monipodio, que tramita todo el crimen de Sevilla.
Las dos piezas finales de las “Novelas ejemplares” son “El casamiento engañoso” y “El coloquio de los perros”. En la primera de ellas, el alférez Campuzano sale de su matrimonio engañado con sus mismas mañas, y enfermo de sífilis. Mientras se curaba en el hospital escribe lo que sería el “Coloquio”, diálogo leído por su amigo Peralta.
De esta forma, en el cierre de las “Novelas ejemplares” se representa el proceso completo de la creación literaria.


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