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Arte

A propósito de "Fresa y chocolate" (Cont.)
8 Oct 2014

 

 

La relación entre el cine y la literatura es vieja y no siempre feliz. Para muchos, el texto literario posibilita al lector crear su propio universo, mientras que el cine no, te ciñe a una sola imagen...

—Esa es la diferencia esencial entre literatura y cine, entre la palabra y la imagen. No quiero dar una lección teórica, el cine también está acompañado por la palabra. La literatura te sugiere y el cine te precisa. Te enmarca de una manera más exacta determinadas cosas.

Por eso pienso que por lo general los escritores se sienten traicionados cuando ven sus obras en la pantalla, ellos habían imaginado una cosa y lo que sale es ya otra que empieza a operar por su cuenta. Yo pienso que cuando un escritor escribe, el texto se le va de las manos porque cada receptor va a imaginar a un protagonista —su protagonista— con rasgos muy determinados. El cine unifica en una sola imagen tantas interpretaciones posibles de esa literatura.

Nunca he pensado que es productivo o que vale la pena —a mí no me interesaría jamás— hacer una traducción de un cuento o de una novela al cine. Se han hecho y algunas tienen valor, pero para mí no tiene ningún interés. Como materia prima para hacer una película, la literatura me interesa como me interesa cualquier otro aspecto de la realidad. No es que uno sea superior a otro ni que esté situado por encima o por debajo. Son distintos, diferentes concepciones artísticas. La literatura te puede describir lo que está dentro del personaje, sus motivaciones, de una manera más directa, te va caracterizando el personaje con palabras. ¿Cómo traduces tú eso en imágenes? No te queda más remedio que meterlo dentro del personaje, actuar desde él. Los ojos del actor son la cosa más expresiva del mundo, la fascinación que ejercen las miradas, eso que se da con los primeros planos...

Cuando David —el personaje de esta película— se queda solo en la Guarida (que es el escenario fundamental y de mucha importancia) y se pone a mirar, nosotros tenemos que ver lo que él está mirando y tienen que ser cosas que al espectador también de alguna manera le fascinen, para que se corresponda con la actitud del personaje. Se trata de una síntesis visual que es decisiva. Son cosas que en la literatura se dan de otra manera, con palabras.

Senel ha precisado muy bien que el tema de su relato es la intolerancia. ¿Ese es también el tema de la película?

—Sí. Intolerancia que puede ser frente a los homosexuales como frente a tantas cosas que se salen de lo que se ha establecido como norma, esquema o camino estrecho a seguir.

¿Consideras presente en la realidad cubana de hoy esa intolerancia?

—Sí. Por supuesto que sigue presente. El cuento —y también la película— se desarrolla hace veinte años, cuando se hicieron más agudas la homofobia y las manifestaciones hasta de persecución a los homosexuales, situaciones realmente abominables, situaciones extremas, que hoy afortunadamente no se producen. Un cierto rechazo y una incomprensión de ese fenómeno siguen manifestándose, no solo en esta sociedad, sino en todas partes del mundo. Es un problema en cuya comprensión en algunos lugares se ha avanzado más y en otros menos, en asumir que ese fenómeno no es una enfermedad, no es una aberración, no es una degeneración, no es nada de eso. Es una condición o una manera de ser diferente cuya existencia uno tiene que aceptar.

¿Un filme gay?

—No. Cuando hablo de incomprensión, hablo de incomprensión de un lado y de otro. También de parte de los homosexuales. Y a veces tú lo justificas, porque cuando la gente se ve arrinconada en un ghetto su manera de ver las cosas se distorsiona. Estoy cansado de ver homosexuales que piensan que todo el mundo lo es, que vuelcan su condición hacia todo el mundo y esa también es una manera de distorsionar la realidad. De modo que hablar de una película gay porque trata el tema, me parece exagerado. La película no toma partido por los homosexuales ni es una película que promueve la homosexualidad. No, no se trata de eso, se trata de mostrar una situación sobre la que ha habido una incomprensión, y punto.

¿Qué promovería la película?

—La comprensión hacia el fenómeno de la homosexualidad. Ese sería el mejor mérito que podría tener.

 

Sigue...

 

 

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