Una serie de hormonas comienza a funcionar, y dentro de ellas los andrógenos, los estrógenos y la progesterona. Sus productos finales derivan en secreciones expulsadas por las glándulas sudoríparas, sobre todo en las axilas y a nivel de los genitales. De ahí que de vez en cuando tus blusas y tu ropa interior huelan totalmente diferente a cuando eras más pequeña.
Estos eventos en las hembras cubanas comienzan a transcurrir alrededor de los ocho años. Mientras se manifiestan los cambios anteriores, debido a la acción de los estrógenos, se inicia el desarrollo de la vagina, que aumenta de espesor y dimensiones. También evolucionan las glándulas de Bartholin y el útero, así como los genitales externos, es decir, el monte de Venus, los labios mayores y menores, el conducto vaginal y el clítoris.
En la vagina, uno de los lugares osbre los que apenas conoces, se crea un medio favorable para los bacilos, que ayudan a mantener un equilibrio en la flora vaginal, pues producen ácidos lácticos, el cual sustituye a la escasa flora bacteriana de la niñez.
Los genitales externos experimentan importantes cambios. En ellas se acumula el tejido adiposo, con el efecto de que los labios mayores se hacen más gruesos y crecen por encima de los menores. Estas estructuras, entre otras funciones, protegen a las glándulas productoras de la lubricación que, en buena medida, permiten una mejor penetración.
Las glándulas de Bartholin aumentan su tamaño y producen una sustancia muy cosa en respuesta a la excitación del clítoris y de otras partes de la zona genital externa. Por otro lado, crece el clítoris, y al igual que los pezones y el pene, se vuelve eréctil y puede aumentar su tamaño ante determinados estímulos y caricias.
El útero, que está alojado en la cavidad pélvica, crece hasta cas triplicar su tamaño. La acción e los estrógenos sobre el pubis y la parte exterior de la pelvis hacen que la cavidad pélvica se vuelque hacia delante y que su cuello se haga relativamente más corto.
Durante la pubertad las hormonas son responsables de cambios físicos que se proyectan en el cuerpo, por tanto, el ensanchamiento de las caderas y muslos no depende del inicio de las relaciones sexuales o del comienzo de los períodos menstruales, sino que influyen solo en la disposición de las grasas en esas regiones, pero no de la posición de los huesos pélvicos (caderas).
Mujer: ¿sexo débil?
Históricamente, detrás de esta frase ha habido una subvaloración de la mujer. Los roles que desde la antigüedad asignan las tareas a hombres y mujeres a la luz de hoy se aceptan como demostrados y admitidos por la ciencia.
Los mitos sobre el esfuerzo físico y la repercusión de posteriores problemas uterinos o pélvicos son errados. Para el doctor Joel Varona Sánchez, ginecosbtreta del hospital capitalino Ramón González Coro, todo parte de un entrenamiento. Si se prepara al cuerpo para una actividad fuerte, resistirá. Si te lanzas sin previa ejercitación, no solo el organismo de una mujer, sino el de un hombre, también puede resentirse.
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