En consonancia con aquella alerta, hay que decir que en estos Juegos, volvimos a encontrar los mismos problemas expresados en la cita china con la forma deportiva. Por ejemplo, en el orden físico, vimos frágil una vez más al judoca Oscar Brayson, a la mayoría de los botes del remo, y a las tripulaciones femeninas del canotaje. Desde el punto de vista táctico, se evidenciaron dificultades en la lucha femenina y en los libristas, también en los boxeadores. En la técnica, las jóvenes judocas tuvieron déficit. Psicológicamente fueron muy débiles el tenista de mesa Pereira, varios de los representantes del atletismo, incluso los pugilistas.
Todo eso, por momentos, mostró a no pocos de nuestros representantes faltos de combatividad o de argumentos en sus porfías, lo mismo en la lucha, judo, boxeo, taekwondo, atletismo. Sobre la forma deportiva, condición indispensable y obligatoria para enfrentar tamaño compromiso, hay que decir, además, que antes de comenzar los Juegos se había dicho que la delegación estaba al 100 %, sin lesiones. Sin embargo, en el momento cumbre, las molestias aparecieron como un lastre pesado.
Un elemento clave que respalda una condición óptima es la concentración ante la competencia, por muy fuerte y superior que sea el adversario. Y en ello también tuvimos serios contratiempos, incluso atletas cubanos, justo antes de salir a la fraternal lucha, fueron vistos haciendo actividades que nada tienen que ver con los Juegos y mucho menos con la responsabilidad que significa defender los colores patrios.
Es cierto que para el deporte cubano la planificación de la puesta en forma es compleja, pues por un lado la falta de sistematicidad en competiciones internacionales por problemas financieros, y después la exigencia de continuas participaciones en temporadas muy largas, con el requisito de competir con implementos altamente sofisticados (lo mismo para el atleta que para organizar una competencia), no están al alcance de la mayoría de los países como el nuestro.
Pero también es verdad, que hemos retrocedido en aspectos que no dependen de grandes erogaciones. Nuestra prestigiosa escuela de boxeo brillaba por el elemento técnico como excelencia, haciendo uso de la mano delantera con poderosos jab y en Londres, los estilos europeos nos enredaron más de una vez, por la carencia de esa valiosa arma. Continuamos sin velocistas en el atletismo, lo cual podemos solventar con una estrategia en nuestras propias escuelas, que también tienen que convertirse en cantera de fondistas, donde solo necesitamos del concurso de los profesores y entrenadores, y de trabajar duro.
| Sigue... |


Escribe aquí tu comentario