Me gustaría que no doblase la espalda cuando debe dar el frente. Que no huya ante los problemas, que no lamente los tropiezos ni se cierre ante las decepciones, que en este viaje de obstáculos se empeñe en conocerse a sí mismo para poder conocer a los demás.
Deseo que su camino no sea fácil ni cómodo; que marche por el sendero áspero de las dificultades y los retos, que los venza, se sostenga y de esa firmeza nazca la compasión ante aquellos que fallan.
Prémialo con un corazón claro que le impulse con elevados ideales; que se domine a sí mismo y no que pretenda dominar a los demás.
Dale la risa en su vida, pero que no olvide el llanto; que marche hacia el futuro, pero no olvide su pasado.
Dale buena voz para hablar cuando lo necesite, para gritar ante lo injusto; también bríndale sensatez para callar cuando deba, buenos oídos para escuchar a los que no piensan igual que él.
No te olvides de la bondad, ni tampoco de la alegría y el sentido del humor. Que sea serio, pero no se tome demasiado en serio; sencillo, pero no simple; que su sabiduría le permita reconocer la mansedumbre de la verdadera fuerza.
Permítele amar y ser amado. Que la dicha sea impulso y no freno, que la mayor comodidad sea la del andar en el camino de perseguir sus sueños.
Que conozca aquello que le quite el sueño; que no haga nada sin ganas, que se pueda mirar gallardo en cada espejo. Que se alegre si llueve y no tiene paraguas, que diga sí cuando quiere decir sí. Que no importa cuántos años tenga, siempre sueñe con tener alas.
Dale una familia, vida, y permítele reconocer lo efímero y lo eterno, que le desee a sus hijos lo que yo le deseo, y así, ni él, ni yo, habremos vivido la vida en vano.
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