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Arte

¿Qué son las islas si no estás tú?
Roberto Fernández Retamar es uno de los autores cubanos vivos de más prestigio. Sus poemas y ensayos forman parte indispensable de las letras y del acervo cultural de la isla mayor de las Antillas.

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1 Nov 2014

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“Eso es lo que gritó al aire luminoso de la tarde. Y lo que musitó después en la atormentada noche…”

Así comienza Retamar uno de sus poemas. El poeta del Olimpo cubano, como le han calificado algunos, posee una extensa lista de libros de diversos géneros, pues durante su existencia, ha escrito numeroso ensayos y ha realizado investigaciones relacionadas con la lingüística, la filología y la poesía, ligados todos con la identidad cultural latinoamericana.

Retamar inició su actividad literaria escribiendo poesía que, según ha confesado, le apasiona. Formado en Letras en La Habana, París y Londres, fue invitado en 1957 a dictar clases en la universidad norteamericana de Yale, pero regresó a Cuba poco antes del triunfo revolucionario. Desde 1965 se desempeña como director de la Casa de las Américas.

Su pluma ha sido incansable De él dijo el destacado intelectual José Lezama Lima: “Roberto Fernández Retamar es uno de los más significativos poetas de su generación. Es muy cubano, curtido por el árbol que golpea el árbol universal del conocimiento. Se esboza en él una alegría que marcha acompañada del destino opulento del cubano, del cubano mejor, que es universalmente sencillo”.

Y por eso, por esa forma de escribir tan natural, de reflejar sin altisonancias, es considerado uno de los fundadores en Cuba de la corriente latinoamericana del coloquialismo, junto al salvadoreño Roque Dalton y al nicaragüense Ernesto Cardenal.

Una literatura para el pueblo, pero sin dejar de ser profunda. Ese es y ha sido el empeño de Retamar.

Añadiendo un nombre que en la cabina sonaba extraño como una flor de otro planeta…

Retamar ha confesado profesar un profundo sentimiento hacia España y, aunque cubano de pura cepa, siente que la península ibérica “no es ni puede ser un país como otros para nosotros los latinoamericanos. Me basta con mirar un poco en mis orígenes para comprobarlo. Mis apellidos son Fernández —asturiano—, Retamar —extremeño—, Roig —catalán— y Anorena —navarro—“.

Y su nombre, tan español como la misma lengua, está ligado a la literatura cubana. Su poesía así lo atestigua, su amor incondicional por la Isla, por el amor en la Isla, que lo ha llevado a ser una figura indispensable a la hora de referirse a las letras cubanas.

Aquel que se acerca a sus textos siente el vaivén insular, el contoneo de la mayor de las Antillas en el mar del Caribe, atisba la peculiaridad de los nacidos aquí, esos que afirman que los cubanos “no se parecen a nadie”, y que muy pocos han conseguido atrapar en su esencia, pero que sienten en los lugares de encuentros y despedidas con una nostalgia como una cicatriz.

La poesía, la Revolución
Roberto Fernández Retamar es un poeta de la Revolución. Él forma parte de la primera promoción de escritores que ocupó los lugares después del 1959. Junto a Fayad Jamís, Rolando Escardó y Pablo Armando Fernández, su obra está ligada sustancialmente a los procesos que vive la Isla.

En una entrevista afirmó:

“Sea cual fuere el asunto que yo aborde, mi perspectiva es revolucionaria, porque la Revolución es parte de mi vida. Cuando hablo del amor, de la amistad, de mis hijas o de las flores, hay una voluntad de transformación del mundo que está haciendo posibles mis poemas”.

Esta unión entre el arte y los procesos sociales es lo que hace de la obra de Retamar una fuente constante de consulta para todo aquel que pretenda acercarse a lo ocurrido en Cuba desde el triunfo revolucionario. No es historia, pero es el panorama de lo que se siente, de cómo se ama, se vive en la Isla desde el punto de vista personalizado del autor, un autor que está muy cerca de la gente.

Incluso, cuando le preguntan cuál pudiera ser el poema predilecto de su autoría, refiere que elegiría “El otro”, escrito el Primero de Enero del 59. Según sus palabras “consideré este poema extraordinariamente personal, dado que refleja algo que yo había sentido profundamente ese día. Con él me di cuenta de que los únicos poemas que tienen posibilidad de interesar al lector son los poemas personales, y que los impersonales, a fuerza de no interesarle a uno, tampoco interesan a los demás”.

Y Retamar ha conseguido interés, pero no ese falso que engaña gracias a promociones y platillos por demasiado oropel. Desde su poesía ha conseguido hacer más íntima esa corriente que se extiende entre el escritor y todo aquel que lo lee.

El tiempo así lo ha reafirmado y lo reconoce, porque solo los verdaderos escritores pueden hacer desde las palabras una realidad en los ojos de los otros.

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