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Historia

¿Quién fue “El Lugareño”?
Gaspar Alonso Betancourt Cisneros fue conocido como “El Lugareño” por su apego al terruño natal y, sobre todo, por dedicarse a la introducción de cambios a favor del bienestar material e intelectual de sus coterráneos, así como su oposición al dominio español sobre Cuba
26 Nov 2014

 

 

(Publicado en 2011)

 

Gaspar Alonso Betancourt Cisneros fue conocido como “El Lugareño”  por su apego al terruño natal y, sobre todo, por dedicarse a la introducción de cambios a favor del bienestar material e intelectual de sus coterráneos, así como su oposición al dominio español sobre Cuba.

Luchador incansable, logró con la construcción del ferrocarril de Puerto Príncipe a Nuevitas —la obra de su vida— el inicio de una nueva era en la economía y la sociedad de su pueblo, así como otros resultados no menos importantes, frutos de la aplicación de la técnica o de lo más avanzado en materia de educación.

Esta actitud de apelar al progreso a partir del desarrollo de la instrucción y la industria, lo situó en el centro de su momento histórico y también de la historia presente.

Nacido en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el 29 de abril de 1803, Betancourt Cisneros fue privilegiado por la alcurnia de su tronco familiar. Sus padres fueron Diego Antonio Betancourt y Aróstegui y Loreto de Cisneros y Betancourt. Recibió las aguas bautismales el mismo día de su nacimiento, en la Catedral.

Identificada por una placa de bronce, su casa natal se encuentra en La calle Lugareño, esquina a Hermanos Agüero, antes Contaduría y San Ignacio.

Contrajo nupcias en La Habana el 7 de septiembre de 1857 con María Monserrate Canalejo e Hidalgo-Gato. De esa unión nacieron tres hijos, pero solo uno llegó a la adultez y se hizo Doctor en Medicina.

Desde su infancia Gaspar dio pruebas de una privilegiada inteligencia, cultivada con esmerada educación en el seno familiar y, ya crecido, debió gran parte de sus conocimientos al Dr. Núñez de Cáceres, de origen dominicano y Regente de la Audiencia, trasladada a Puerto Príncipe en 1800.

Continuó alimentando su ya vasta cultura a través de los viajes que realizó a los Estados Unidos de América y Europa. Al primero llegó en 1822, cuando apenas contaba 19 años, e hizo amistad con el bayamés José Antonio Saco, importantísimo intelectual cubano con quien sostuvo un valioso intercambio en temas relacionados con los caminos en la Isla y en torno a la anexión de la misma  al país norteño.

Asimismo, aprendió de las enseñanzas de Félix Varela. También es notable la amistad que lo unió con Domingo del Monte, considerado, junto a otros, como lo mejor y más avanzado de la intelectualidad cubana de su tiempo.

A su acción crítica contra la falta de escuelas, los salones de juego y la resistencia a la construcción del ferrocarril de Nuevitas, el intelectual camagüeyano unió la capacidad de demostrar en la práctica la veracidad de sus teorías; se sobrepuso a las no pocas dificultades e incomprensiones que le salieron al paso que, lejos de amilanarlo, le convirtieron en poseedor de un espíritu incansable en pos del progreso, con la ciencia como plataforma fundamental.

 

 

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