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Cuba joven

Ante la indisciplina social
¿Quién puede hacer la diferencia?
La indisciplina social es contraria al desarrollo, el progreso y la consecución de una vida mejor. Su existencia favorece la ilegalidad y, por tanto, actitudes pasivas, tolerantes y de inacción ante estas manifestaciones pueden acarrear graves consecuencias.

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13 Oct 2014

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Miguelito ha comprado un equipo de música nuevo. Llevaba ahorrando un año y ahora su flamante artefacto, de 300 watts de potencia, luce en la sala de su casa. Lo instala, llama a sus amigos, a sus no tan amigos y a cuantos conoce. Comienza la tanda. Lo pone “a to´lo que da”, para probarlo.

Retumban los cristales, la puerta se estremece, casi tiembla la tierra ante tanto decibel. Es el primer día y lo está probando. También, el segundo, el tercero…, el decimoquinto. “Son seis meses de garantía lo que tiene y tengo que 'quemarlo' al máximo”.

Al máximo están los vecinos. Para escuchar el televisor deben subir el volumen. Para comunicarse, tienen que gritar. ¿Por qué no hablan con él? ”Porque en su casa cada cual hace lo que mejor le parece”, responde ingenuamente uno, olvidando quizá que la bulla sobrepasa los límites del apartamento de Miguelito, quien se justifica, además: “Total: solo la pongo hasta las 12 de la noche. De mí no puede haber quejas. Incluso pongo discos que le gusta a la gente: reggaetón, salsa, baladas…”.

Son 16 viviendas. Me pregunto si lo elemental ha variado y la diversidad es únicamente cuestión de copias y papel carbón. ¿No hay en ese bloque quien prefiera otros géneros musicales?¿Y si alguien quiere disfrutar del silencio, la tranquilidad y la paz? “Que se vaya al parque”, responde Miguelito un poco en broma, pero que no lo es tanto. “¿Qué podemos hacer?”, se preguntan los inquilinos, “la policía solo interviene pasadas las 12 de la noche”.

El futuro sin ruedas
“El latón lo pusieron ayer y ya hoy le faltan las ruedas”, comenta una vecina refiriéndose al receptáculo de basura. “¿Nadie vio nada?” Se encoge de hombros. La ceguera selectiva, esa de ver solo lo que conviene, al parecer predomina en todo el barrio. Pasarán solo pocos días y aparecerá una carretilla cuyas ruedas, coincidentemente, son similares a las que desaparecieron casi por arte de magia.

Si preguntaras a ese alguien, la respuesta sería simple y vaga: “Las conseguí”. Pero el tipo es un excelente vecino, que presta su carretilla para ir a buscar el gas, transportar algún mandado u otra carga pesada. “Es la necesidad”, justificará la mayoría, que parece olvidar la necesidad de preservar lo que con tanto esfuerzo se obtiene, amén de la importancia de mantener esos recipientes para la higiene de la comunidad.

Eso no es todo: en otro barrio, junto a un reservorio como el anterior, se acumula basura de todo tipo, putrefacción pululante, una montaña de escombros. “No tenemos los equipos suficientes y en esa zona debemos recoger los desechos todas las semanas. ¡Y nada de camión recolector! Casi todo se hace manual”, explica uno de los encargados del servicio de Comunales.

Tiene razón. La montaña se allana a golpe de palas y manos. Para extraer los desechos, los obreros voltean el latón que cae estruendosamente, sufriendo, con frecuencia, quebraduras. A ese paso pronto será un desecho más. Otro contenedor que nada contiene.

La política de “resolver hoy” y “mañana veremos”, predomina. Unas ruedas sustraídas, la conclusión de un trabajo en tiempo sin tener en cuenta las consecuencias de cómo lo realizamos, son solo una pequeña parte que se traduce en el despilfarro de recursos que luego habrá que invertir nuevamente en lo mismo.

Un ciclo para el que se necesita encontrar una salida, si queremos conseguir el aprovechamiento de los recursos y las inversiones para el mejoramiento de la productividad y la economía en general.

Señales de humo
El vandalismo contra los teléfonos públicos parece ser, entre las indisciplinas sociales, la que más prolifera. En un breve conteo por las calles de la capital se puede notar que, como promedio, de cada cinco teléfonos, solo uno permanece intacto. Pantallas rotas, auriculares inexistentes y hasta algunos sin teclas, suelen conformar el panorama que presenta un servicio de tan vital importancia.

ETECSA, la empresa de la telefonía en Cuba, insiste en la protección de dichos equipos, en los cuales se invierte una fuerte suma para satisfacer la demanda. Si los pocos que tenemos sufren del constante embate de individuos irresponsables, ¿cuándo podremos aspirar a un mejoramiento en las comunicaciones públicas?

Uno de esos individuos, al parecer conversaba con una muchacha que le había dado el desplante y, al colgarle del otro lado de la línea, decidió emprenderla a golpes contra la única vía de comunicación en funcionamiento que disponían en ese barrio. Al ser interpelado por un anciano que, “pacientemente”, esperaba su turno, respondió:”El teléfono no es mío”, a lo cual aquel anciano, con muchísima paciencia, respondió: “Te equivocas. Sí, es tuyo, y también es de nosotros”. Estas palabras, sin duda, lo resumen todo.

Zafarrancho urbano
Un grupo de muchachos sale de la escuela y espera el ómnibus en la primera parada. Hay un enjambre de ellos, ni siquiera se molestan en pedir el último. No importa que el transporte haya mejorado ostensiblemente. Da igual que en la cola permanezcan embarazadas o minusválidos. La batalla campal está por comenzar. Ventanillas, puertas que son asaltadas por la lucha de un asiento hasta su destino. Nadie se salva de la estampida, es mejor apartarse. Cuando los interpelas acerca del porqué de su conducta, alguno que otro simplemente contesta: “Es la costumbre”.

 

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