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Estás de vacaciones. Luego de un intenso curso, te ha llegado la hora de tomarte un diez. Tu mente ha buscado alternativas para desconectar en estos dos meses. Sin embargo, playas, fiestas y quizás el campismo o alguna discoteca de moda son las únicas que se te ocurren.
A pesar del actual esfuerzo de varias organizaciones por incentivar en los jóvenes nuevas miradas con respecto al empleo de su tiempo de diversión, sigue siendo recurrente para una importante mayoría la visión onírica de las discotecas y centros nocturnos como la meca del disfrute. La música del momento, amplitud para bailar hasta el delirio, gente nueva para conocer, el ambiente justo. No obstante la contemporaneidad de la imagen anterior, en la Cuba actual este no es un hecho novedoso.
Salvando distancias, hacia la primera mitad del año 1800, según apunta el periodista Ciro Bianchi en su crónica “Anótelo si quiere”, publicada el 24 de febrero de 2002, en el diario Juventud Rebelde, “algunos viajeros y memorialistas ya hacían recaer su mirada en la afición de los cubanos por el baile”.
Acerca del tema, Idianelys Santillano Cárdenas, psicóloga del Centro de Estudios sobre la Juventud, declaró a la misma fuente “En los patrones que marcan la tradición recreativa del cubano influye nuestra ubicación geográfica. El hecho de que vivamos en una Isla, y que el clima sea tropical, avala que nos encante ir a la playa y realizar actividades al aire libre. También existe una estrecha relación entre estas preferencias y la idiosincrasia del cubano. Si miramos las condiciones sociohistóricas en las cuales se formó nuestra identidad vemos que estuvo alrededor de las industrias azucarera y tabacalera.
“La vida cotidiana en Cuba era más popular, desinhibida (...) Los patrones que hoy vemos son los de esa mayoría alegre, espontánea, bullanguera, que gustaba de bailar.”
Son actitudes casi heredadas. Por ello quizás, el gusto por el baile y el fiesteo tiene preponderancia entre los jóvenes, en detrimento de otras alternativas que puede llenar sus expectativas.
En este sentido, para Laura Domínguez García, doctora en Ciencias Psicológicas, “aún queda mucho por hacer en la educación de las jóvenes generaciones en este campo, ya que las opciones de recreación pueden ser mucho más amplias. El cine, el teatro, la visita a museos, la práctica de deportes, por solo citar algunos ejemplos”.
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me gusto muchas gracias