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Ciencia y tecnología

Hasta la reina Isabel
Este universo de píxeles y bites ha ido atrapando poco a poco a la mayoría de la gente, no importa si tiene cinco, siete o cien años, tal y como señalan las infaltables encuestas

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21 Ene 2017

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El ocho de noviembre de 2010 saltaba al aire la noticia: la mismísima reina Isabel II se estrenaba en Facebook y el propio día contaba con 60 000 seguidores.

Ya desde 2008, la monarca del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte había hecho sus pininos al subir un video a YouTube, en tanto la familia real se hizo una cuenta en Twitter el año pasado, el mismo en que igualmente crearon otra en Flickr, un sitio para el intercambio de fotos.

Claro que no es nada extraordinario que venerables ancianos disfruten su tiempo libre frente a las computadoras, ya sea jugando o compartiendo en las múltiples redes sociales.

Y es que, sin lugar a duda, este universo de píxeles y bites ha ido atrapando poco a poco a la mayoría de la gente, no importa si tiene cinco, siete o cien años, tal y como señalan las infaltables encuestas.

El mundo nunca fue tan pequeño como ahora, cuando es la cosa más natural conversar (¿escribirse?) con alguien que está en Australia mientras el oyente (¿lector?) se encuentra en Egipto… Solo que cabría cuestionarse cuánto de comunicación verdadera se mantiene en este canje de palabras.

Si vamos a las indagaciones realizadas por varias firmas, vemos que Twitter en español tiene, en solo un año, más de 145 millones de usuarios, y que 61% de las personas con acceso a Internet se encadena a este medio diariamente, la mayoría para recibir o transmitir mensajes por correo electrónico.

Pero, ¿constituyen tales acciones un aumento de la comunicación en el pleno sentido de la palabra? ¿Qué ocurre en el seno del hogar, cuando jóvenes y adolescentes se deleitan frente a la pantalla “conversando" con gente que está en cualquier lugar del planeta?

Muchos lo saben porque lo experimentan en su día a día: mientras hay alguien tecleando como un loco, otro en la familia vaga por la casa deseando con todo su corazón sentarse a hablar como en los viejos tiempos.

No nos engañemos: Internet llegó para quedarse y es algo con lo cual tenemos que aprender a vivir, mas es imprescindible, igualmente, mantener la cordura y saber utilizar con sabiduría este magnífico medio, recordando que no es lo único que existe. Aunque hasta la mismísima reina Isabel esté en Facebook.

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