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Ante ciertas apetencias visibles por lo foráneo, muchos pensarían que el orgullo de ser cubano, y por lo cubano, pierde fuerza, pero una investigación nacional entre adolescentes, grupo etario proclive a ese tipo de manifestaciones, refleja, precisamente, todo lo contrario.
Ese es uno de los buenos sabores que deja el estudio de caracterización de ese sector poblacional, desarrollado por vez primera en la nación en noviembre de 2015, y cuyos resultados finales se darán a conocer ampliamente este año en un libro.
La indagación evidenció que la mayoría de los entrevistados se consideran felices y manifiestan su orgullo por vivir en esta tierra. Aluden que ello se debe, en gran medida, a la manera de ser de los cubanos, a los logros sociales, así como a la seguridad y tranquilidad ciudadanas.
Otras razones que reafirman ese sentimiento, expresado por el 71,1 por ciento de los miles de muchachas y muchachos sondeados, son la independencia nacional, las tradiciones, la cultura, las artes, la religión y el idioma.
Aunque los resultados demuestran que todas las tendencias no son las deseadas, Keyla Estévez García, investigadora del Centro de Estudios sobre la Juventud y jefa de este proyecto, destacó la valía de la minuciosa exploración, que abarcó a 2 051 sujetos mediante cuestionario, y a otro millar con entrevistas individuales y en grupos focales, una muestra representativa de los 1 381 135 cubanos entre diez y 19 años de edad, que constituyen el 12,3 por ciento de la población, según el Anuario Estadístico de Cuba 2015.
La especialista subrayó que, en sentido general, los resultados refrendan lo que en el mundo se ha dicho y escrito respecto a esa etapa de la vida humana, aunque también hablan de características únicas de nuestros adolescentes, a partir del contexto socioeconómico de la isla mayor de las Antillas. “Definitivamente su comportamiento se parece a la Cuba de hoy, de transformaciones, cambios; y hay que entenderlo en ese nuevo escenario”.
Poseer esta actualización permite recontextualizar los modos de actuar en la relación con ellos, lo cual implica que la familia entienda mejor a qué tipo de adolescente ama y educa, y lo mismo para la escuela, junto al resto de la sociedad, remarcó la especialista, quien añadió que el mayor aporte de la investigación es decirle a Cuba: estos son tus adolescentes y así hay que trabajar con ellos.
Algunos de los resultados que adelantamos en las páginas de nuestro diario confirman que todavía hay que trabajar mucho con este grupo etario, cambiar un grupo de políticas y acciones específicas desde la escuela, la familia y otros entramados sociales en los cuales se desenvuelven. Todo ello requiere el enfoque integral, el trabajo colectivo, la unión de los agentes socializadores en la formación de la adolescencia y la sistematicidad.
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