Por su parte, la psicóloga Ingrid García Chávez, especialista del Centro de Orientación y Ayuda Psicológica, considera que llamar la atención de manera descoordinada, sobresalir por encima de la sociedad que no acepta determinados patrones, o identificarse con un grupo que asume una forma de pensar y actuar diferente a la preestablecida, pudieran ser las causas que originan este comportamiento.
García también le concede gran importancia a la influencia que generan ídolos —como cantantes y actores— en muchos jóvenes, que al tomar a estas personas como referencia de lo que ellos desean ser, copian sus comportamientos.
“El tránsito entre la niñez y la adultez presupone una serie de cambios que incluyen la búsqueda de la identidad, asumir las transformaciones físicas y psicológicas que aparecen en esta etapa de la vida y adquirir poco a poco la independencia. Por ello, intentan imponer sus normas, expresar sus demandas y autorrealizarse mediante el uso de tales objetos como una especie de marca que los identifique o los distinga”.
Algunos consideran esta técnica una forma de expresión artística, con la cual pueden manifestar sus inquietudes, aspiraciones; desarrollar sus ideas y buscar mejor estado físico y espiritual.
Jesús Curbelo Plasencia, estudiante de Periodismo, usa un piercing en la ceja izquierda: “No lo hago por seguir una moda determinada. Lo considero un cambio trascendental en mi vida y un modo de marcar la diferencia. Para mí es una forma de exteriorizar rebeldía; un símbolo, una prueba”.
Juan Cabrera, padre de dos niños, expone, por su parte: “Tengo 45 años, llevo dos piercings en el labio, uno en la ceja y otro en la parte superior de la oreja. Hay quienes lo ven como una ridiculez; en cambio, los exhibo sin vergüenza alguna. Estoy contento de manifestar lo que soy como quiera”.
Si bien gran número de adolescentes adopta este comportamiento por un condicionamiento social, familiar o para ser aceptado entre sus amigos, otra parte lo rechaza por considerar que esta práctica acarrea daños físicos, riesgo de contraer enfermedades o que esa imagen no se corresponde con la educación recibida en el hogar.
La estudiante de primer año de Medicina Edennys Mendoza, señala que “el uso del piercing es físicamente perjudicial. Constituye una agresión innecesaria al cuerpo y, además, viola la primera barrera de protección al perforar la piel y propiciar la entrada de gérmenes patógenos o la transmisión de enfermedades mediante instrumentos mal esterilizados”.
A lo que nos enfrentamos
Para especialistas de la salud, el uso de estas prendas constituye una acción agresiva contra el cuerpo que requiere de responsabilidad y cuidado. La dermatóloga Mónica Estévez Mesa, del hospital Calixto García, de La Habana, cuenta que en una ocasión atendió a un muchacho que poseía piercings en las orejas y la lengua:
“El de la zona bucal tenía el grosor de un tornillo —explica—. El material con que estaba hecho causó una dermatitis de contacto alrededor del mentón”.
Para prevenir problemas mayores, la doctora Estévez recomienda mantener una higiene adecuada en la zona donde se colocó, evitar su uso en personas con acné o alérgicas a la bisutería, y comprobar las normas básicas de esterilización.
Maura Concepción, enfermera del Hogar de Impedidos Físicos y Mentales en el municipio de Plaza de la Revolución, no aconseja utilizar este accesorio: “Muchos de los que se dedican a ponerlos no esterilizan las agujas y pueden infectar a cualquier persona. Además, no siempre conocen de acupuntura y colocar equivocadamente el objeto en algún punto de la oreja puede provocar consecuencias adversas. Conozco una muchacha que adelgazó demasiado y cuando se le realizaron análisis médicos se descubrió que lo causaba un piercing mal colocado”.
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