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¿Sabes quién es el bárbaro Bartolomé Maximiliano?
Cuba entera lloró su muerte. Fue el mayor de 18 hermanos. Nunca estuvo en una escuela. La extrema pobreza lo hizo trabajar desde niño en el campo. Trascendió exitosamente gracias a una obra rica en matices que no se ciñó a un estilo concreto.

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2 Nov 2014

 

 

El famoso músico que falleció con 44 años el 19 de febrero de 1963, y que se conoce como El Bárbaro del Ritmo, tenía como nombre artístico Benny Moré. Toda Cuba lloró su muerte, porque trascendió con su cadencia, que identifica lo cubano y lo proyecta con fuerza hacia el mundo.

Le pusieron por nombre Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez y fue el mayor de 18 hermanos nacidos en Santa Isabel de Las Lajas, un pequeño pueblo de la actual provincia de Cienfuegos. En su condición de pobre tuvo que cambiar los libros por el trabajo en el campo, aunque aprendió a tocar la guitarra a los seis años, cuando él mismo fabricó una.

Benny se traslada a los 17 años a La Habana, y con las ganancias de la venta de frutas se compró su primera guitarra, con la que subsistía tocando en bares y cafés, hasta que se integró al Trío Matamoros, donde pronto pasó a ser su cantante principal, hasta que emprendió su carrera en solitario.

Este mito de la música se destaca por una obra rica en matices, su manera de dirigir la orquesta, y los diferentes estilos que lo caracterizan, como el bolero y el mambo. En su discografía sobresalen: Bárbaro del Ritmo (1948-1950), Benny Moré (1992), Benny Moré en vivo (1994), Benny Moré & Pérez Prado (2001) y Tumbao Clasix (2004).

Mucho significa este ídolo de multitudes en la cultura cubana. A los 16 años ya daba serenatas y conformó un trío en su ciudad natal, antes de deambular como trovador en la capital y cantar con el conjunto de Matamoros y después, en más de seis orquestas en México. Grabó en Radio Progreso con la orquesta de Ernesto Duarte hasta que en 1953 decidió organizar su propia Banda Gigante.

Simpatía y magnetismo personal le permitieron a este hombre de sombrero, pantalones anchos, tirantes, bastón y zapatos de dos tonos, adueñarse del escenario con su genuino estilo interpretativo, el cual devenía en show. Era un ser sencillo que prefería a los humildes, porque como él mismo dijera: “Lo que sucede es que me abruma la fama y hasta el dinero. Como nada de eso me enloquece, no acepto coqueteos con la gloria. Más bien los rechazo”.

Asumió la vida como un bohemio, carente de responsabilidades. Tal vez por las humillaciones y maltratos recibidos por ser negro y pobre, estaba adaptado a ese modo de vida cuando le llegó la fama, por lo que los compromisos que ésta implica repercutieron negativamente en su trabajo: llegaba tarde a las presentaciones e incumplía contratos. Dormía y comía poco, bebía casi todos los días…

A pesar de ser rechazado en los círculos de la burguesía criolla y en las sociedades culturales de negros al ser considerado un ejemplo negativo para su raza, en opinión del musicólogo Helio Orovio, el Benny dinamitó esta diferencia étnica al unir en su Banda Gigante lo negro, lo blanco y lo mulato que definen la identidad nacional cubana.

Este prodigio musical, que no sabía leer música, por intuición excepcional tocaba muy bien la percusión, además de la guitarra y el tres. Su predilección por el jazz hizo que adoptara el nombre de Benny en alusión al famoso clarinetista Benny Goodman; sin embargo, el formato jazz band de su banda fue adaptado y lo hizo sonar como un conjunto de son. Entre sus aportes fue el primero que introdujo la cáscara para enriquecer la base rítmica, y ayudar así a la sonoridad de la tumbadora y la campana.

Su don para la música, su tendencia hacia los patrones de improvisación, los excelentes arreglistas que se adaptaban a sus inquietudes musicales, el timbre cristalino en su voz de tenor con afinación perfecta, el aliento poético de sus boleros y la grabación de sus números en un momento de renovación tecnológica, contribuyen a que el Benny sea un eterno contemporáneo. Y es que sus canciones populares llegan a todos los registros de la sensibilidad sin acudir jamás a lo vulgar.

A 53 años de su muerte, el Sonero Mayor sigue mostrando lo más auténtico de la música cubana. Los restos del popular compositor y cantante cubano descansan en su Santa Isabel de Las Lajas, en un sepulcro declarado Monumento Nacional en el 2009. Aún muchos amantes de sus melodías las vuelven a escuchar y las tararean, recordando que hicieron bailar a muchos en varios escenarios del mundo.

 

 

Fuente: Sitio web www.nnc.cubaweb.cu

 

 

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