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Un antiguo proverbio africano dice “La unión del rebaño obliga al león a acostarse con hambre”. No importa cuán débil sea un individuo: al unirse muchos ni la más fuerte de las fieras puede con ellos.
“Todos para uno y uno para todos” es la consigna que puso de moda Alejandro Dumas, al darles vida a los personajes de su obra más perdurable, “Los tres mosqueteros". Cada uno de ellos era en sí destacado, pero solo en comunión conseguían ser excepcionales e invencibles.
“En la unión está la fuerza”, pregona otro refrán, que prácticamente nadie desconoce ni duda, pues desde pequeños comprendemos fácilmente que la unión de algunos pocos y frágiles palillos es capaz de convertirse en un poderoso mazo.
Los cubanos lo sabemos bien, y quizá ese sea un sello identitario de nuestra nación. Somos solidarios por naturaleza, somos familiares hasta la médula. De ahí nace nuestra fuerza.
Ejemplos tenemos de sobra. Los mambises lo demostraron al vencer con machetes y poco equipamiento a todo un ejército pertrechado con la mejor tecnología de la época. La unidad y el coraje, junto a una causa justa, suelen hacer milagros.
El triunfo revolucionario es otro caso. Solo 12 hombres consiguieron llegar a la Sierra y, sin embargo, con el apoyo de todo un pueblo se derrocó a una tiranía sangrienta que contaba con el soporte de la mayor potencia del mundo. Como es sabido, no hay generales sin ejército ni gobernantes sin pueblo.
Por eso los cubanos somos tan peculiares ante los ojos del mundo. Mucho de esto tiene que ver con ese espíritu de unidad. No es que todos pensemos igual, pero lo cierto es que todos actuamos en equipo. Según un exergo armenio, “Los perros que se pelean entre ellos, se unen contra los lobos”.
Así somos nosotros. Los que nos pedimos sal y huevo si no tenemos, los que nos reunimos para tirar una placa bajo el tremendo sol de las 12 del día como si fuese una fiesta, o reunimos a la familia para los ciclones y en algunas ocasiones, hasta dar un “motivito” 1 a pesar del evento meteorológico.
El espíritu de equipo nos mueve. Un solo hombre puede ilustrar, pero poco puede hacer. Los genios aportan ideas, pero solo el grupo puede llevarlas a cabo. Negar esta realidad es tener ojos y no querer ver.
De ahí provienen nuestros logros en el deporte o el aprecio que les tiene el mundo a nuestros médicos. No es a uno u otro, sino a todos, porque cada uno aporta su granito de arena para mejorar la calidad de vida de cuanto ser humano haya en la Tierra, sin distinción de razas, ni credo, ni sistema.
Y eso es gracias a todos. A los profesores, a los que se quedan ejerciendo aquí en la Isla y, ¿por qué no?, también a los trabajadores, a los ingenieros, a los choferes, los cocineros, los bodegueros, los vecinos que ayudan sea la hora que sea. Porque todos tenemos que ver con eso, es un aporte de todos los cubanos.
El individualismo, por su parte, solo genera egoísmo; soledades con demasiadas cosas, demasiados trastos testigos de nuestro fiasco como hombres. Solo en la unión encontramos la dicha. El hombre puede ser un ente material, pero las ideas son el motor que lo impulsan.
Por eso los cubanos continuamos siendo hombres de inmensa riqueza, pues poseemos el apoyo de nuestro vecino, nuestro amigo, de cualquiera que haya nacido en esta Isla. Porque ser cubano no es solo una nacionalidad: es una marca en la sangre, un tatuaje en el corazón.
Unidos hemos llegado hasta aquí. Unidos debemos continuar para poder seguir adelante en la selva global; solo así venceremos a todos los reyes de la selva que quieren un bocado a costa nuestra. Unidos somos invencibles. Mientras sea así, los leones deberán seguir acostándose con hambre y soñar con un bocado que, a fuerza de equipo, se les vuelve imposible.
1 Así se le llama popularmente en Cuba a una fiesta informal.


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