Se encuentra usted aquí

Ciencia y tecnología

Medicina, investigación y cubanía
Un sabio de alivio *
A 245 años del natalicio de Tomás Romay

Por

23 Dic 2014

Otros trabajos del autor

 

(Publicado en 2010)

 

 

Médico seguro
“No me es concedido disminuir con las riquezas las adversidades de mis semejantes, porque la fortuna me las ha rehusado” 1, da testimonio de su modesto origen el sabio médico habanero.

“Los dolores que sufren los enfermos, las privaciones que experimentan, la impotencia y languidez que los postra, las angustias y congojas que atormentan su espíritu; todo exige impetuosamente la más constante y eficaz asistencia, una compasión sin límites, una afabilidad inalterable y todos los auxilios y todos los consuelos que puede dispensar la ciencia más benéfica y la sensibilidad más oficiosa” 2, da pruebas de su esencia humana y generosa el hombre de carácter firme, el científico audaz y persistente.

Doscientos cincuenta años nos separan del natalicio de Tomás Romay Chacón (1764-1849). Lejos de decrecer, la vida y obra del “Hipócrates cubano”, considerado nuestro primer higienista, cobran cada vez mayores proporciones.

“En La Habana, en la calle que se le llamó de lo Empedrado y en una casa marcada con el número 71, próxima al Hospital de San Juan de Dios, vivía D. Lorenzo Romay, casado con Doña María de los Ángeles Valdés y Chacón. […] A los 14 meses de matrimonio, el 21 de diciembre de 1764, tienen su primogénito, que recibe por nombres los de Tomás, José, Domingo y Rafael del Rosario.” 3

Romay fue de modesto origen. Su tío y padrino Fray Pedro de Santa María, “que al decir de sus biógrafos sorprendiera en el muchacho una perspicaz agudeza”, 4 lo destina a la abogacía. Pero es el propio Fray Pedro quien lo hace desistir poco después, para que comience la carrera de Medicina.

Bisel, bisectriz
Obtuvo el grado de Bachiller en Medicina en 1789. “No fue muy afortunado con los profesores que le tocaron en suerte. […] Asombrará después, ver cómo llegó a convertirse en una figura señera de la medicina científica, y cómo pudo adquirir aquí, en esta isla en que la cultura nos llegaba a paso de vapor de vela, una tan sólida preparación médica. Su verdadera instrucción universitaria, la ganó, como autodidacta, con su solo esfuerzo. Fue él el que le imprimió a nuestra medicina carácter científico, y quien dio a conocer los más renombrados autores extranjeros.” 5

Diciembre de 1791 fue un mes decisivo en su carrera. El día 6 obtuvo la cátedra de Patología. El día 8 alcanzó el grado mayor de Licenciado en Medicina y el día 24 se le confirió el grado de Doctor en Medicina.

Permaneció vinculado a la universidad, “ora fungiendo como miembro de tribunales examinadores, unas veces como asistente real, otras como simple vocal; ora como maestro de ceremonia o tesorero. En 1832 fue decano de la Facultad de Medicina. […] Es en esta época cuando comienza una actuación única relevante, cuando hará que su nombre figure en la constelación de los forjadores de la nacionalidad cubana”.6

En efecto, fue uno de los tres grandes precursores de nuestra nacionalidad: “No podrá hablarse más el en el futuro de los movimientos de reforma-cultural que tuvieron lugar a fines del siglo XVIII y comienzo del XIX, sin que se le de adecuado lugar a su recia personalidad. En la creación de los factores que elaboraron la súper estructura ideológica del nuevo régimen social que se asentaba en Cuba, al revisionismo científico, del cual fue su gran adalid, le corresponde un potencial estimable; porque si fue efecto, también fue causa para producir las condiciones propicias al desenvolvimiento de la reforma filosófica. El paso que José Agustín Caballero adelantaba en este terreno se apoyaba en las nuevas concepciones económicas y científicas de Francisco de Arango y Parreño y de Tomás Romay; y las de estos resultaban la bisectriz del ángulo que formaban las direcciones de los otros dos.” 7

 

Predominantemente social
Fue un gran y notable médico. “Un médico que se hizo por sí mismo; que creó su propia biblioteca, que asimiló las modernas doctrinas médicas de su tiempo bajo su única y exclusiva responsabilidad y que gracias a la inteligencia de su cerebro privilegiado supo escoger las más progresistas. Un médico que dio una magnífica lección a los hombres de su época, la mejor de todas dentro de las condiciones prevalentes: la superación individual a través del estudio. Él proclamó que había que aprender la medicina al lado de la cama del enfermo; pero dijo también que lo que se observaba había que confrontarlo con los autores extranjeros ensayándolo para comprobar sus resultados.” 8

Siempre que divulgó su experiencia, llamó a sus colegas a valorarla. “Jamás ocultó sus errores, ni tuvo el temor de confesar que había cambiado de criterio. […] Así procedió en el caso del contagio de la fiebre amarilla, en la que llegó a afirmar que no se transmitía por contagio ni por la atmósfera, observaciones atinadas en su tiempo aunque erróneas. O cuando al final de su vida se desligó de las teorías o sectas doctrinarias para recomendar que se fuera ecléptico, que se aceptara aquella parte que pareciera mejor en cualquier sistema, menos en el escolástico que combatió rudamente.” 9

“Lo que si parece cierto es que Romay dedicóse poco a la practica privada. […] Y es que fue médico de hospitales e instituciones benéficas; su labor siempre tuvo un carácter predominantemente social.” 10Todo por Cuba
“A Romay debe la medicina cubana haberle impreso un carácter científico a su estudio y ejercicio. Que iniciara nuestra bibliografía con la publicación de su Disertación sobre fiebre maligna llamada vulgarmente Vómito Negro. Que acometiera la empresa de sanear nuestro ambiente introduciendo las enseñanzas y prácticas de higiene pública. Que propagara las nuevas doctrinas médicas difundiendo la obra de los excelsos y esclarecidos autores médicos del siglo XVIII y primer cuarto del siglo XIX. Que a fuerza de anhelos, lucha y constancia, propagara la vacunación antivariólica y ayudara a desterrar la perjudicial costumbre de enterrar en las iglesias. Que modificara la enseñanza de la medicina introduciendo los estudios de la Anatomía en el cadáver y el de Clínica en la sala de los hospitales. Llevó a los alumnos de la oscura y polvorienta universidad escolástica a las aulas luminosas del anfiteatro, a las salas de enfermos en los hospitales y a la morgue para la práctica de autopsias.” 11

“Médico insigne, hombre de carácter firme y científico audaz y persistente, es considerado el primer higienista cubano por su tesorera labor en la prevención de enfermedades y la promoción de la salud.

“Su nombre quedara para siempre en la historia de la medicina cubana por introducir y propagar aquella vacuna contra la viruela en nuestro país luego de un arduo trabajo de investigación y convencimiento, que incluyó utilizar a sus propios hijos como sujetos de prueba para demostrar su efectividad y vencer las dudas y temores existentes.

“Fue, además de profesor activo y médico en ejercicio, un reformador de la docencia médica, protector de estudiantes, promotor de las enseñanzas de las artes, y activo participante en los organismos y grupos políticos de su época, siempre con el firme objetivo de luchar por el progreso de su patria.” 12

 

 

Notas:
* Para escribir la presente semblanza nos apoyamos en “Vida y obra del sabio médico habanero Tomás Romay Chacón”, de José López Sánchez. Seleccionada, a causa de su valor histórico e investigativo, para que integrara la colección Biografía de la Editorial Científico-Técnica (Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2004), el volumen se corresponde con el publicado por la Editorial Librería Selecta (1950) bajo el título de “Vida y obra del sabio médico habanero Dr. Tomás Romay Chacón”. La Editorial Científico-Técnica respetó el estilo de la primera edición y patentizó su agradecimiento al doctor José López Sánchez (fallecido en los días finales de la preparación de la segunda edición) por su irrestricta cooperación con dicha empresa. El libro constituye un esfuerzo por brindar en toda su magnitud el pensamiento y la significación histórica de Tomás Romay. Fue presentado en el año 1949 a un concurso público convocado por el Colegio Médico Nacional donde mereció el premio de la Federación Médica de Cuba. También se le otorgó el premio Francisco González del Valle por la Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales en 1950. La segunda edición homenajeó a Tomás Romay en el bicentenario de la introducción de la vacuna contra la viruela en Cuba. Las notas bibliográficas del presente esbozo se refieren a ella.
1 López Sánchez, José. Ob. cit., p. 21.
2 Ídem. Pp. 206-207.
3 Ídem. P. 19.
4 Ídem. P. 21.
5 Ídem. P. 23.
6 Ídem. P. 24.
7 Ídem. P. 205.
8 Ídem.
9 Ídem.
10 Ídem. P. 206.
11 Ídem.
12 Ídem. Nota de contracubierta.

 

Artículos relacionados
Tomás Romay
Tomás Romay: Vigencia de un legado

Escribe aquí tu comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
Image CAPTCHA
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.