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“En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan.”
Charles Baudelaire
El nombre de sadismo deriva del escritor francés Donatien Alphonse François, marqués de Sade, quien protagonizara diferentes escándalos y, denunciado por prostitutas que lo acusaban de drogarlas y golpearlas, fue condenado a trece años de prisión.
Como contestación a las cartas de amor de su esposa, en este aislamiento escribió Sade sobre sus fantasías; entonces elaboró una voluminosa obra censurada durante años y hasta condenada a la quema, pero que circuló clandestinamente por toda Francia, ganando un amplio grupo de adeptos, si bien no al sadismo, sí a su literatura.
El sadismo no es más que la excitación sexual provocada ante el hecho o la fantasía de someter a otra u otras personas a sufrimiento físico o psicológico. El sádico, por tanto, no solo obtiene excitación al inflingir dolor físico, sino también al humillar, someter y degradar a sus semejantes.
Sin embargo, existe una frontera en la cual, al menos los expertos, separan el placer que puede producir la crueldad en un individuo perverso, y e individuo sádico.
Aclaran los estudiosos que el sadismo lleva a la excitación sexual, mientras que la crueldad es el mero deleite que algunas personas suelen experimentar ante el sufrimiento ajeno.
Otras culturas y el sadismo
Algunas culturas distantes de la nuestra pueden encontrar cierto disfrute en diversas prácticas sadomasoquistas. Los indios chocoes, por ejemplo, se excitan sexualmente en el matrimonio con respetivas acciones que a nosotros nos pondrían los pelos de punta; ella clava las uñas en el mentón de su compañero hasta sacarle sangre, y él le da unos fuertes y dolorosos pellizcos que le producen hematomas en las caderas.
Asimismo, los hindúes señalan en algunos de sus escritos siete clases de mordiscos, mediante los cuales obtiene placer sádico quien los da y excitación masoquista quien los recibe.
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