“Pienso que este sería el momento preciso para recopilar muchísima información, rastrear las experiencias de tantas personas que vivieron determinadas circunstancias, también para contrastarlas.
“Porque la historia oral tampoco la puedes aceptar por sí sola. Se debe tomar en cuenta lo que el informante dice, pero también buscar versiones de un mismo hecho, ir a otras fuentes documentales y construir de ese modo tu relato.
“Por otra parte, a muchos les gusta hablar sobre la historia del presente, la historia reciente o el presente histórico, aunque, por lo general, lo hacen más los periodistas que los historiadores profesionales. Preguntémonos si en la época de Napoleón, con Napoleón vivo y con todas las ventajas que ofrece hoy la informática, se hubiera podido realizar un análisis de la Revolución Francesa, como proceso, en todas sus etapas hasta llegar a él, tal y como lo hace Michel Vovelle en la actualidad.
“Desde ese tipo de registro se puede armar, asimismo, un relato interesado; puedes usar esas vivencias para sostener un discurso u otro. Pero, de cualquier forma, es muy importante.
“Yo creo que esta es una etapa en la que hay que darse cuenta que para escribir la historia de la Revolución Cubana, o para que los historiadores del futuro puedan escribirla, hay que tener acceso a todas las fuentes documentales, sean del tipo que sean, y no siempre el historiador las tiene a mano”.
SJ: ¿Se refiere al acceso a resultados de investigación clasificados?
“A veces hasta se accede, pero se hace muy tarde. El registro del día a día no debe abandonarse. Para ilustrar el fenómeno me gusta evocar los diarios sobre la guerra de independencia de Mangoché (uno de los más cercanos a las capas populares), y el de Máximo Gómez.
“El primero escribía sus recuerdos con mucha distancia temporal, lo cual deja un margen al error. Así puede equivocarse desde el lugar hasta el año en que ocurrió un determinado suceso. Gómez, en su diario, anotaba las vivencias de cada momento: ‘Hoy cruzamos la trocha; hoy matamos tres caballos porque no teníamos que comer’... Su testimonio resulta insustituible en la actualidad”.
SJ: Quizá de las ideas hasta aquí discutidas parta su interés por ciertas subjetividades, poco o mal “visualizadas” dentro de la historia de Cuba, como el negro o la mujer. ¿Otro ajuste de cuentas con el ayer?…
“La causa de estos olvidos radica en que el marxismo clásico dejó de un lado el sujeto histórico, aunque en la actualidad ese sujeto se retoma, incluso, por los marxistas.
“Rescatarlo es imprescindible. No puede tenerse una historia exclusivamente de causas, consecuencias, niveles económicos; hay que escuchar a eso que llamamos gente sin historia.
“La historia social reciente es más antropológica pues le interesa mucho la relación con ese sujeto, aunque tampoco se trata de la subjetividad por la subjetividad, sino la subjetividad en el marco de un proceso que se entiende y se estudia con precisión”.
SJ: Pero incluso ahora, cuando arranca la reivindicación de tales identidades, ¿no se reproducirán esquemas por parte de quienes las “observan”?
“Hay estereotipos, pero no solo de los autores, sino de los que oyen su discurso, porque están acostumbrados a la misma historia. En ocasiones la gente no acepta los hechos. Si le hablas de un esclavo que vivió con determinados privilegios, pueden molestarse, pues la historia de la esclavitud para ellos es otra cosa.
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