Con el asesinato de Rafael Orejón Forment, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 Julio de en la zona, el 23 de diciembre de 1956, se inició una oleada de crímenes que no solo incluyó a los miembros del Movimiento, sino también a militantes del Partido Socialista Popular (PSP) y a todo aquel que oliera a revolucionario.
A lo largo de los días 23, 24 y 25 de diciembre fueron apareciendo cadáveres
salvajemente torturados hasta llegar a 23 muertos, algunos muy jóvenes; solo unos pocos lograron escapar.
Este hecho se conoce en la historia de Cuba como Pascuas Sangrientas, y lejos de asustar al pueblo de esta y otras regiones del país, sirvió para que aumentara el rechazo hacia la tiranía de Fulgencio Batista y su jauría, y que cobrara un nuevo impulso la rebeldía popular.
La dirección del PSP elevó sus quejas al Tribunal Supremo de la República, pero sus apelaciones no obtuvieron respuesta.
Las actividades clandestinas contra la dictadura continuaron en constante ascenso y la ayuda a los rebeldes por parte de los campesinos no se detuvo. Con esta unión se formaron lazos indisolubles de hermandad entre los combatientes de la Sierra y el Llano, y se puso de manifiesto lo que años más tarde expresara el inolvidable Camilo Cienfuegos: “…el ejército es el pueblo uniformado”.
La gran victoria alcanzada por los rebeldes el 1ro de enero de 1959 —a pesar de no poseer un moderno armamento— y la construcción de una revolución popular, evidenciaron ante el mundo que se debe luchar y trabajar unidos si se quiere lograr una sociedad mejor.
Fuentes:
- Le Riverend, Julio. Historia de Cuba. Tomo VI
- Notas de la autora.


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