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Sexualidad y salud

Las segundas son las primeras (Cont.)
29 Ene 2015

 

 

La charla con el médico les devolvió algo de tranquilidad, no así el resultado de los análisis. Micoplasma fue el diagnóstico, y parte de su esperanza se ensombreció ante una inmensa duda.

¿Qué era micoplasma? ¿Por qué a ellos?

Lo que desconocen Alina y Jorge, al igual que un elevado porcentaje de nuestra población, es que ya en 2014 “las infecciones por micoplasmas urogenitales superan a los contagios por clamidias”, según refiere Brian Mondeja, máster en Bacteriología-Micología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK). El especialista agrega que esta es la principal responsable de los embarazos ectópicos y la infertilidad entre cubanas.

En comparación con otras ITS y países, poco se habla en los medios y consultas sobre ella. Sin embargo, a nivel mundial el incremento de la resistencia a los tradicionales medicamentos en cepas de micoplasmas, y su alta prevalencia en países desarrollados, constituye una alarma internacional para el manejo y control de las ITS en el siglo XXI.

En Cuba, a pesar de su alta incidencia, esta afección aún es subvalorada y resulta insuficiente la visibilidad de los estudios que se le dedican. Ello, sin duda, ha provocado que no se le tenga en la mira o primera línea de preocupación de las personas.

A pasos silenciosos
Mauro aún es muy pequeño, casi insignificante. La mayor parte de él aparece incompleto, impreciso. Solo es una masa amorfa sin pies ni cabeza. Nada más se le puede pedir a un proceso de replicación iniciado hace apenas unos días atrás en la Trompa de Falopio derecha.

De repente, algo entorpece el recorrido. Afuera, Laritza se retuerce de dolor. El paso hacia la cavidad uterina se encuentra obstruido y Mauro, su pequeño óvulo fecundado, no puede llegar a ella para finalmente implantarse. Cada vez el espacio es menor, pero no puede dejar de crecer. Eventualmente, el conducto estalla. El camino estaba cerrado. 

Días después, Laritza recibe el resultado de los análisis. Micoplasma fue el dictamen —las secuelas de dicho germen habían provocado adherencias en las trompas— y nuevamente el asombro surge como primera reacción. 

Y es que acá el micoplasma resulta una ITS casi desconocida. Quienes asisten a consultas de infertilidad resultan los que más se acercan al conocimiento de esta bacteria carente de pared celular.

Nuestro primer contacto con dicho patógeno puede llegar temprano, entre los doce y veintiún años. Ahí somos colonizados, no infectados, por micoplasmas en el tracto urogenital, a través de su vehículo por excelencia: las primeras relaciones sexuales. 

Se conocen unas 200 especies, pero solamente dieciséis son de importancia médica. Algunas forman parte de la flora que convive con el ser humano, y son capaces de controlar a otros entes que conviven junto a ellas y sí podrían causar varios estragos al organismo.

 

 

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