Pese a la alejada ubicación, el centro politécnico Enrique Villegas exhibe aciertos como los eventos de Puertas Abiertas que realizan dos veces al año; también las ferias docentes agropecuarias, que incluyen exposiciones y clases demostrativas, espacios donde los estudiantes demuestran sus habilidades y conocimientos.
“Con esas ferias nos vamos más allá de lo previsto”, explica el director. “Es una manera de extender la participación comunitaria y familiar, de que se conozca mejor la escuela y favorecer los procesos de matrícula. Este año vamos a las secundarias con los alumnos para que ellos mismos intercambien y expliquen sobre las carreras y su aprendizaje; será una formación vocacional más abierta y efectiva”.
Escuela para la vida
En un claustro que aglutina a ocho másteres y 17 licenciados, y muestra un probado sentido de pertenencia, nadie mejor que Juana Jiménez para opinar sobre el centro al que llegó con 19 años en 1980. Pese a vivir en Condado, no se imagina lejos de El Algarrobo; mucho menos de la escuela y, aunque lo intenta, apenas le salen las palabras. Las lágrimas se encargan de sellar ese compromiso con el magisterio.
“Cuando la familia se hace partícipe de la formación de sus hijos”, alega Juana, “los resultados son mejores. Este curso ha sido maravilloso, no soñaba con una asistencia y retención tan buenas, puedo decir que el politécnico está en su mejor momento. ¿Inconformidad?: Crecer en el número de estudiantes, existe base material y capacidad de albergamiento. Actualmente la matrícula representa un 40 por ciento de las posibilidades del centro”.
Daniela Escobar Torres, alumna de primer año de Agronomía, revela que su preferencia por la profesión nace del seno familiar. Su mamá trabaja en una finca en esa zona perteneciente al Plan Turquino trinitario.
“Me enseñan bien”, explica Daniela, “conocemos los cultivos y técnicas puntuales en el café como la regulación de sombra, por eso las prácticas me gustan más. Mi mamá quería dejar la finca, la convencí de no hacerlo; si yo estoy estudiando puedo ser su relevo”.
Wilber Fonseca, Leidiani Aguirre, Denia Pupo y Juan Carlos Bello apuntan motivos para formarse en los perfiles agrícolas a la vez que reconocen la utilidad de estas profesiones.
“Yo quise estar aquí y hacer las prácticas en la finca La Gloria, aprender sobre el cultivo de café”, expresa Leidiani; mientras Juan Carlos manifiesta que de cuando empezó la carrera de Agronomía a la fecha se siente diferente: “Era tímido y he cambiado, ahora dirijo la FEEM en el centro. Siento que la escuela me está preparando para la vida”.
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(Tomado de http://www.escambray.cu) |


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