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25 Jul 2016
Los pasajes de sencillez y modestia abundan en la vida de Blas Roca. Se suceden desde la propia infancia, marcada por la pobreza en el Manzanillo de principios del siglo XX hasta apenas unas horas antes de aquel 25 de abril de 1987, cuando su cuerpo inerte abrazara la tierra, tal y como él había pedido.
Una vez más demostraba la naturaleza su sabiduría al dotar a este hombre de una inteligencia singular. Vencer solo el cuarto grado de la escuela primaria no le impidió adquirir cultura y convertirse en un insaciable lector de cuanto texto le cayera en las manos. Oportunamente llegan las ideas de Martí gracias a las enseñanzas de Ernesto Ramis, el maestro que además supo inculcar en el niño y el adolescente patriotismo y amor por la historia de Cuba.
Testigo excepcional de tanta humildad en Blas es Justa Evarina Álvarez Pantoja, su compañera Justina, o quizás mejor Laura (seudónimo), en innumerables jornadas de lucha, trabajo y amor.
A la altura de 94 años Justina demuestra que lo vivido junto a este hombre resulta imborrable. Cada descripción contempla detalles: con nitidez fluyen nombres y apellidos, direcciones y reproducciones de diálogos de hace 70 años, tiempo dedicado por ella en favor de la causa del Partido comunista cubano.
Casual y sin mediar palabras fue el primer encuentro. Un compañero se le acercó a Laura con la finalidad de emplear su apartamento en La Habana para una reunión importante con una persona. Ella aceptó y poco tiempo después, durante un discurso ante unos trabajadores, comprobó que quien había estado en su casa era Blas Roca.
Cualidades como la bondad y la abnegación lo acompañaron siempre, apunta la lúcida mujer desde su oficina habitual en la sede del Comité Central. Le agradaba ayudar a los demás y trabajar sin horario. Era un ser incansable, agrega.
Todo en él se movía por la sencillez, continúa Justina, hasta el punto de que cuando lo eligen secretario general del Partido, con solo 25 años, no lo quería creer: entendía que había otros compañeros con más experiencia y méritos.
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