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Ciencia y tecnología

Para ser un genio
Basta mencionar a figuras como Platón, Pitágoras, Beethoven o Da Vinci para que la palabra genialidad acuda a nuestra mente

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17 Mar 2016

 

El cerebro de los seres humanos resulta sorprendente. Compuesto por millones de neuronas, es el encargado de coordinar permanentemente todas las funciones de nuestro  organismo, a la vez que “deja espacio” para socializar, reflexionar, aprender.

Para bien o para mal, todo en nuestro universo está signado por las leyes de la diferencia y, en tal sentido, existen algunos cerebros que son más extraordinarios que otros.

Así, Charles Darwin, Vincent Van Gogh, Nikola Tesla, Karl MarxNicolás Copérnico, Galileo Galilei, Isaac Newton y Marie Curie, junto a muchísimos otros, componen un “selecto club de la neurona intranquila” *.

Hombres y mujeres que bajo delirantes influjos o la más absoluta certeza pintaron, escribieron, diseñaron, reflexionaron, mezclaron sustancias, y filosofaron, realizando contribuciones de gran valía para el desarrollo de las sociedades.

La clave
Abril de 1965. Un reducido grupo de científicos era llamado para formar parte de uno de los estudios que, según se creía, aportaría importantes conocimientos sobre la inteligencia humana: el eminente físico Albert Einstein había fallecido y su cerebro trozado en lonjas, guardadas en jarras con líquidos preservantes, esperaba para ser pesado, medido y observado hasta el más mínimo detalle.

No fue hasta 1999 cuando  se publicitaron algunos de los resultados, que ratificaron lo que muchos ya especulaban: el cerebro del físico tenía ciertas diferencias con el del resto de las personas.

Este hecho reflejaba la obsesión de la Humanidad por conocer cuáles constituyen los móviles que permiten a algunos militar como increíbles mentes superiores.

Al respecto, durante mucho tiempo se afirmó que una porción de talento, algo de un favorable ambiente familiar y una buena dotación de cuota genética eran los principales ingredientes para que se gestase en algunos  elegidos un cerebro privilegiado.  Sin embargo, cuando los estudios sobre la inteligencia humana comenzaron, muchos cientistas apostaron todo a una única causa.

A inicios del siglo XX, el primer avance en la comprensión de los superdotados se produjo cuando se crearon los tests de inteligencia.  La genialidad, entonces, se asoció  con un concepto cuantitativo, posteriormente controvertido, conocido como Cociente de Inteligencia o Coeficiente Intelectual (CI).

Según alegan los expertos en la temática, una persona de inteligencia promedio posee un CI de alrededor de 100 puntos. Tomando el dato como punto de referencia, se consideró entonces que los superdotados debían alcanzar una puntuación de 140 o más. Estudios posteriores demostraron que la relación entre un alto CI y un cerebro virtuoso no siempre es evidente o proporcional.

 

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