Palabras de un maestro orgulloso de sus alumnos
Según Viamontes, el desempeño de Alexander y otros jóvenes en la especialidad ferroviaria ha sido muy meritorio, pues se han vinculado al trabajo casi al mismo nivel que mecánicos y obreros con muchos años de experiencia.
“Los educandos poseen habilidades muy desarrolladas, comprobadas por los propios profesores de la escuela que regularmente visitan las instituciones donde se encuentran ubicados, y los evalúan mientras participan en los procesos de reparación de locomotoras y vagones, de revisión y mantenimiento, y de control de la calidad”, destacó.
Por su parte, el apasionado avileño, como todo enamorado tenaz, primero se ha dedicado a conocer a su amada, a desentrañar sus más íntimos secretos, para luego ser capaz de conquistarla sin que esta ofrezca la menor resistencia.
“Ya sé identificar cuándo la locomotora tiene un fallo, porque los motores no hacen el mismo sonido al arrancar, entonces debe procederse a medir el lubricante, a verificar el suministro de electricidad, de ser necesario desarmas las cajas de grasas, o cualquier otro componente que presente anomalías”, explicó.
“Mientras hacemos las prácticas, los mecánicos de los talleres nos dan las locomotoras para nosotros identificar el fallo, entonces se desarman y se arreglan, y en todo eso participamos”.
Aseguró que las más cómodas y atractivas son las de procedencia china, pues disponen de un sistema computarizado que detecta de manera automática los fallos y facilita la reparación.
“Como mecánico poseo unas cuantas habilidades ya y me gusta mucho el trabajo, pero realmente mi sueño es convertirme en maquinista, por eso me inscribiré en un curso, para poder ejercer en un oficio que amo cuando me gradúe como técnico de nivel medio”.
Química que también enamora
En tanto Alexander cuenta con entusiasmo sus planes y sueños, Lilia Gómez Meléndez sonríe a su lado, en espera de su turno para ser entrevistada, y aunque parece un poco tímida, sus ojos claros y su porte estilizado sugieren que pudiera ser una bonita artista o modelo.
Sin embargo, ella, un año más joven que su compañero, ha optado por probetas y fórmulas químicas para encaminar su futuro, primero como técnico de nivel medio en Tecnología de los Alimentos, otra de las catorce especialidades que se estudian en el politécnico Cándido González, y posteriormente como ingeniera química, una vez aprobados los necesarios exámenes de ingreso a la universidad.
“La estancia en las industrias es lo que más disfruto de la carrera, y aunque por estar en segundo año aún no realizo prácticas profesionales, en las visitas que hacemos nos familiarizamos con los procesos de elaboración de alimentos industriales”, precisó.
“Como técnicos debemos medir y certificar la calidad de los artículos que salen de las fábricas, lo cual es vital para asegurar la salud de la población y evitar pérdidas económicas por la existencia de productos defectuosos”, explicó Lilia.
Jóvenes como Lilia y Alexander forman parte del nuevo rostro de la enseñanza técnica-profesional en Cuba, que hoy transita por un positivo proceso de rescate, tras muchos años deprimida por carencias materiales y prioridades hacia otros planes de estudio por parte del sistema educacional.
Sus ejemplos demuestran cuán importante resulta una orientación vocacional adecuada, dirigida hacia profesiones indispensables para el desarrollo de la economía y la sociedad en el país.


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