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Arte

A Tabío… “lo que es del César”
En tanto los desvelos por el éxito público alcanzan su expresión máxima en nuestra época, y como las polémicas —tratándose de galardones por la obra de la vida— no se hacen esperar, nos aventuramos a trazar un breve decálogo previo a la obtención de loas y reconocimientos.

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2 Nov 2014

 

 

En tanto los desvelos por el éxito público alcanzan su expresión máxima en nuestra época, y como las polémicas —tratándose de galardones por la obra de la vida— no se hacen esperar, nos aventuramos a trazar un breve decálogo previo a la obtención de loas y reconocimientos. 

Número 1
Asegúrese un fogueo en el medio donde se desempeña —digamos, el séptimo arte— acometiendo tareas de la más variada (y descolorida) naturaleza, al menos al estilo de Juan Carlos Tabío, quien dedicara 20 años (¿alguien dijo que no son nada?) a la confección de documentales de destino “incierto”, de esos que la crítica acuñara de “productivistas”, “por encargo” o “promocionales”, hasta llegar a filmar su primer largometraje de ficción.

Títulos tan sugerentes como “Higiene en el ordeño” (1968), “Proceso industrial de la leche” (1969), “Desarrollo industrial”(1970) o “Ingeniería mecánica” (1972), ilustran el, de cualquier forma, prolífico periodo, en el cual Tabío cargó baterías mientras Titón, Solás, Espinosa* y tantos otros concretaban hazañas creativas como si de un juego se tratase, parían clásicos “intimidantes” para cualquiera de los realizadores en ciernes que les seguían los pasos.

Número 2 
Pliéguese a aquella máxima de “Hay que convertir el revés en victoria” y extraiga de las circunstancias que le tocan el mayor beneficio posible.

Tome como ejemplo a Juan Carlos Tabío, que aprovechó la citada etapa de “calentamiento profesional” en tanto oportunidad para el pulimento de la gramática fílmica, el estudio de la técnica y el lenguaje cinematográficos, haciendo a sus recién nacidas obras crecerse en el camino, por sobre la aparente insustancialidad de los temas.

Allí el novato director, de seguro, ensayó esa marca que después caracterizaría su original poética: el talento para subsumir el sujeto dramático en el temático o, en otras palabras, la habilidad para endilgar la filosofía a la anécdota, estructurar un coherente sistema de ideas bajo la epidermis del relato.

A la par, eludiría infinidad de tópicos que muchos piensan consustanciales al género de marras, acción de la que tanto pudieran aprender los jóvenes que ahora mismo se adentran en él.

Materiales a la altura de “Miriam Makeba” (1973), “Soledad Bravo” (1974), “Joan Manuel Serrat” (1976) destacaron gracias al alto grado de subjetivación del discurso, lo cual lanzó por los aires el abuso de la entrevista y el objetivismo hueco que casi siempre ensucian a los trabajos de corte documental.  

Número 3
Si aspira a consagrarse  al mundo del cine, intente emular un debut en el largometraje de ficción tan potente como el que acometiera Juan Carlos Tabío en 1983 con el estreno de “Se permuta”.

 

* Fundador del ICAIC. Fue presidente de la Sección de Cine de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Autor, junto a otros cineastas de” El Mégano”, considerado como el antecedente del nuevo cine cubano.

 

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