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Disección del “macho tropical”
Tan violento…como la gente (II)
Tan solo para ilustrar los sutiles e intrincados mecanismos de legitimación, por todos los ciudadanos, de esa mecánica social, valdrían las encuestas sobre estereotipos sexuales efectuadas en algunos talleres de masculinidad que tuvieron lugar en La Habana durante la primera década del siglo XX.
15 Nov 2014

 

 

Tan solo para ilustrar los sutiles e intrincados mecanismos de legitimación, por todos los ciudadanos, de esa mecánica social, valdrían las encuestas sobre estereotipos sexuales efectuadas en algunos talleres de masculinidad que tuvieron lugar en La Habana durante la primera década del siglo XXI. (1) 

Con una muestra de 173 hombres y 57 mujeres de nivel medio y universitario, develaron que 65% de las féminas prefería parejas con penes muy grandes, contrario a lo que previa y públicamente afirmaron.

A ello sumemos los resortes publicitarios, y mediáticos en general, que multiplican por minuto las presiones sobre los hombres, ya no desde la reproducción de su imagen androcéntrica y valores tradicionales, sino hasta desde la creación de una alternativa posmoderna a ese esquema. No olvidar el efecto en el imaginario “testosterónico” de las exigencias sobre el cuidado del cuerpo y la presencia física que imponen fenómenos muy de moda como la celebérrima metrosexualidad.

Ello también es caldo de cultivo para la violencia en todas sus facetas.

Una corona… de cartón
Todo parece indicar que las ventajas de la hegemonía varonil y el rol de “depredador” resultan bastante relativos. Coadyuvar a perpetuarlos termina aportando su grano de arena en la efectividad del conocido “ciclo de la violencia”.

No solo representará lastre indiscutible para las posibilidades de desarrollo del hombre, sino que lo colocará, a la larga, en posición rampante frente a la mujer, sus semejantes, y hasta de sí mismo.

Variopintas teorías han intentado diseccionar el complejo proceso de incorporación de estereotipos desde la niñez (claro que, usualmente, para sustentar aquella hipótesis que presenta a los géneros en perenne enfrentamiento, donde el hombre deviene heredero indiscutible de la mano exitosa y “dura”).

Dicha arista ha llegado a discernir sobre una temprana “socialización de la violencia” en los varones a través del carácter selectivo y excluyente de los juegos infantiles, cuyas dinámicas particulares dejan no pocas secuelas en su aparato psicomotor. Explican los expertos que: (2)

1. Desde pequeños se invita a los hombres a asumir y practicar la competencia, agresividad y el uso de la fuerza, como estrategia para conquistar la admiración de otros varones.

2. Las fórmulas de los modernos pasatiempos influyen, cada vez más, en el aprendizaje de la violencia, por otorgarle al triunfo mayor importancia que al disfrute y la competencia sana, pues implica, casi siempre, mejores derechos, prestigio, ventajas y privilegios.
 

 

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