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Sexualidad y salud

Te odio, mi amor
Cuando una relación marcha por caminos que no son paralelos suele reflejarse en la ambigüedad de sentimientos de dependencia y rechazo

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6 Ene 2016

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El amor es intenso. Todo lo que se asocia a él está lleno de excitación, de plenitud, de clímax. Cada comienzo nos enseña siempre su mejor rostro, el ideal o lo que queremos mostrar, pero luego, al conocernos, va aflorando quiénes somos en realidad. Y es ahí, en ese conocimiento mutuo, donde el amor puede trascender o agotarse.

No es raro hallarse en la situación de comenzar a sentir rechazo hacia tu contraparte. La inexplicable situación de “haberte amado para ahora odiarte tanto” suele cruzarse comúnmente y sin mucha dificultad, pues solo hay una delgada línea que separa ambos sentimientos.

La pareja que buscamos
Existen muchos tipos de parejas, diversos estilos de relacionarse…, pero, quizá la mejor forma sea aquella que promueve el crecimiento y el desarrollo personal e intelectual de sus miembros. En otros casos, donde se pueden generar interacciones con riesgo de llegar a ser nocivas y destructivas son las que, comúnmente, se presentan con esa dualidad de rechazo-atracción.

En muchos duetos es posible que, desde el inicio de la relación, las dinámicas sean saludables, basadas en el apoyo mutuo, el cuidado recíproco; por desgracia también es posible que, conforme figure más coexistencia, aparezcan algunas conductas adversas —tal vez heredadas— que se fortalezcan con el tiempo, llegando a crear una muy dañina convivencia.

Una relación de pareja es sin duda un desafío, y más aún mantenerla en equilibrio, sin dejar de lado la independencia de cada miembro.

Es común que uno o ambos vayan haciendo concesiones, dejando a un lado ciertos o gustos, actividades y hasta ideologías. Es completamente normal y hasta esperado que cada uno de nosotros dé algo de sí en el proceso de acomodación a la otra persona; lo que no es aceptable es que muchas veces perdamos iniciativas hasta llegar a un punto que resulte intolerable.

En la cama todo se resuelve
Susana cuenta que conoció a su actual novio en una fiesta. Todo fue color de rosa. “Nos enamoramos al instante. Fue como uno de esos flechazos que ocurren en los libros o en las novelas. En cuanto lo vi quedé prendada y él de mí.

“Y así todo fluyó mientras estuvimos saliendo, pero, en cuanto comenzamos a convivir hemos ido decayendo. Él se la pasa jugando en la computadora y quiere que yo haga todo lo de la casa, dice que para eso estamos las mujeres.

“Discutimos a diario, la verdad es que yo no pienso ceder, él tiene que considerarme y ayudarme. Lo malo es que ahora que te lo cuento me doy cuenta de que esto se ha vuelto un hábito: él llega del trabajo, discutimos un rato y luego acabamos en la cama, haciendo el amor. Lo disfrutamos, pero ¿y el resto del tiempo, qué?”
 

 

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