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"Mi nombre es Emelina de la O y durante este curso seré su profesora de Gramática y Redacción. Les ruego dirigirse a mí con el debido respeto, al igual que yo lo haré con cada uno de ustedes".
Así comenzaron las clases de primer año de Periodismo con esta mujer pequeñita, pero de un carácter que sobrecogía.
Sarcástica y con un sentido del humor que no todos entendieron, imponía disciplina a un heterogéneo grupo de estudiantes-trabajadores, muchos curtidos en los campos de batalla, otros un poco ingenuos todavía, con edades que oscilaban desde los 22 a los casi 50 años, pero todos, absolutamente todos, supimos desde ese mismo instante que en esa clase no se jugaba, que debía uno ponerse de pie antes de dirigirse a ella, diciendo con todas las letras "Profesora" y, por supuesto, a ninguno se le ocurrió jamás tutearla, pues tampoco lo hacía ella con nosotros.
Para muchos, esa forma de relación ya se ha perdido, mas habría que recordar el viejo dicho de que "nadie nace sabiendo" e inculcar a los mas jóvenes el sentido del respeto o, como diría la propia profesora, utilizar más a menudo el "se, si, consigo" en vez de la irrespetuosa ¿moda? de tutear a todo el mundo, sin importar su edad o jerarquía.
El tratar a todas las personas con el respeto merecido dice mucho de nuestra educación, y lejos de establecer barreras, abre más de una puerta.
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