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Sexualidad y salud

Para tocar el cielo (Cont.)
26 Feb 2015

 

 

Su terminología proviene del griego org, que significa  desear ardientemente, y deviene el placer más intenso que un ser humano pueda sentir; constituye punto culminante del acto sexual.

El Dr. William Masters y la trabajadora social Virginia Johnson diferenciaron cuatro fases de respuesta a la estimulación sexual humana: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Y aunque no quedan nítidamente limitadas, la penúltima representa el deseo más profundo que mujeres y hombres buscamos desde que nos  transformamos en sexualmente activos.

Si logramos experimentarla, sentiremos un breve episodio de liberación física que sucede al aumento previo de la tensión muscular, congestión sanguínea pélvica y la sensación corporal de excitación.

Dicho maremoto sensual llega de repente y se evidencia por descargas musculares rítmicas a nivel genital y perineal, aunque también comprometen en su sensación al resto del cuerpo. Duran pocos segundos y resultan sumamente placenteras para ambos sexos, y van seguidas de un período de relajación, calma y satisfacción física y mental.

Algunas culturas dividen el orgasmo en niveles que llegan hasta un estado de éxtasis que perdura por largo tiempo —tal vez horas—, y puede ser alcanzado por ciertas prácticas sexuales (tantrismo) o a través de meditaciones. 

A grandes rasgos, todo lo anterior podría ser la experiencia de alguien con 47 ó 23 años, de cualquier género u orientación sexual. Y es que arribar a tal embriaguez resulta respuesta con puntos en común para millones de personas, aunque también puede diferir sustancialmente de unas a otras, ya no únicamente atendiendo al grado de implicación con la pareja, el contexto u otras determinantes. De hecho, es frecuente que la mejor respuesta orgásmica se produzca mediante autoestimulación.

Diversidad marcada
La mayoría de nosotros poseemos la capacidad biológica para llegar al éxtasis, pero elementos decisivos, como las discapacidades o el género, influyen en su calidad.

En la mujer se dan una serie de contracciones rítmicas de los músculos que rodean la  vagina y el útero. Sin embargo, más allá de cualquier respuesta corporal, el orgasmo aquí responde íntimamente a la cultura y al contexto histórico. No en balde se plantea que cuando una fémina lo logra, se ha despojado de incontables prejuicios culturales.

En tal sentido, es necesario recordar que existen muchos factores que matizan nuestro sentir, empezando por la educación recibida en casa, en la cual,  por solo citar un ejemplo, aún se impide o retarda la exploración de nuestros genitales y sexualidad.

Por su parte, en el varón se vivencia sin grandes contratiempos, pues generalmente se potencia su disfrute sin mayores dificultades. En ellos rara vez dura más de treinta segundos, y puede ser percibido como una intensa sensación de placer, hasta un simple sentimiento de alivio.

 

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