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Ciencia y tecnología

Entre todas, la primera
La Historia de Cuba acoge un sinfín de mujeres valiosas, únicas; verdaderas joyas que no dudaron ser las primeras en dar un paso al frente
15 Ene 2016

 

 

La Historia de Cuba está llena de hombres grandes, tanto de acción como de pensamiento, e innumerables son los nombres que podrían citarse. No obstante, las mujeres de la Isla caribeña también gozan de gran prestigio y notoriedad. Se han destacado en todas las esferas de la sociedad, han participado en las luchas independentistas, han hecho las veces de enfermeras, maestras… En resumen, han dado su aporte en los momentos necesarios.

Ese es el caso de Laura Martínez de Carvajal y del Camino, primera mujer médico y oftalmóloga cubana. La luz brilló por primera vez para ella el 27 de agosto de 1869, la primogénita de una familia bien acomodada. Se dice que desde pequeña fue muy especial, pues se interesó en los estudios a tal punto que a la edad de cuatro años ya sabía leer.

Así, creció al amparo de los estudios, primero en la escuela primaria de señoritas de Manuela de Concha y Duval y más tarde en el Colegio de San Francisco de Paula, en el que se graduó a los 13 años. Culminado el bachillerato, matriculó Ciencias Físico-Matemáticas y Medicina en la Universidad de La Habana.

Después de lograr su carrera afrontó momentos difíciles, pues la época en que vivió no acompañaba sus ansias de saber y crecerse. La dura sociedad del momento, regida por hombres, se imponía y criticaba a las mujeres en su posición; sin embargo, las fuerzas para defender sus derechos nunca le faltaron.

Su tenacidad y arduo trabajo fueron conquistando el respeto y la admiración de sus compañeros. A partir de 1883 comenzó su preparación clínica en diversos hospitales como San Felipe y Santiago, atendiendo a los presos; y en San Francisco de Paula.

Los prejuicios sociales nunca la abandonaron, como tampoco su perseverancia. Por ello participó junto a su esposo, el destacado oftalmólogo Enrique López Veitía, en numerosos congresos médicos. Además,  colaboró en varias publicaciones como “Notas Fisiológicas”, “Observaciones clínicas”, “Ocular leprosy” y en los tres volúmenes de “Oftalmología clínica”. De esta manera, Laura Martínez llegó a convertirse en la primera oftalmóloga cubana.

Nunca dejó su trabajo, ni siquiera durante sus siete embarazos. Fue miembro del Bando de Piedad, dedicado a recoger a los niños y animales desamparados; ilustró escritos, así como un Atlas de fondo de ojo gracias a su facilidad en el dibujo.

Luego de la muerte de su esposo construyó la finca “El Retiro”, en la que instaló una escuela para los pobres en las que daba clases junto a una de sus hijas.

Murió en ese lugar el 24 de enero de 1941, a la edad de 72 años, poco después de ser diagnosticada con tuberculosis.

La grandeza de Laura Martínez de Carvajal no solo radica en su condición de primera mujer médico y oftalmóloga en Cuba, sino también en su empeño por imponerse y desafiar una sociedad que no la aprobaba. Al crecerse ante las dificultades sin cejar nunca, demostró ser uno de los más vivos ejemplos de tenacidad y capacidad femeninas.

 

 

Fuente: Sitio web http://es.wikipedia.org

 

 

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