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Amaneció y su cuerpo, tirado en el piso al lado de la cama, era toda la evidencia de que un nuevo ataque había acontecido. Ira no recordaba nada. El día anterior se había acostado con las mejores ganas de entregarse a
Morfeo 1, pues ninguna inquietud ensombrecía sus pensamientos.
No era la primera ocasión. Una o dos veces al mes se sucedían dichos eventos. La rigidez en mandíbulas y algunas extremidades, el movimiento incontrolado de otras, desmayos en cualquier horario, pérdida de visión por breves segundos al despertar, o de la conciencia mientras aparentemente solo miraba a lo lejos, amenazaban con convertirse en constantes e imprevisibles manifestaciones en su vida.
Un año después, se impuso visitar al neurólogo. Exhaustivos interrogatorios, incluyendo a la familia, perfilaban el pronóstico más probable: epilepsia.
Para Ira Rigñack, la futura confirmación del padecimiento no constituía motivo de gran inquietud. “Mi única preocupación es que los ataques me den estando sola y me golpee la cabeza, o algo peor. Solo eso, porque, por suerte, mi familia y mis amigas no me han rechazado”.
Sin embargo, según refieren otros afectados y especialistas, como la neuróloga Adriana Goicoechea, “esta enfermedad generalmente significa una pesada carga afectiva y social para los pacientes, ya que aún muchos son marginados o estigmatizados por mitos que subsisten entre la población”.
Cortocircuito cerebral
Nuestras neuronas cerebrales funcionan como grupos de trabajo. Cada actividad corporal, consciente o no, está regulada por dichas asociaciones. Ello se hace sincronizadamente para que en la multiplicidad de órdenes que ejecutan haya una controlada armonía.
Lamentablemente, en ocasiones, “algo” se desestabiliza. Según la experta, miembro además del Grupo Básico de Atención a la Epilepsia, del Instituto de Neurología del mismo centro asistencial, “esta es una enfermedad crónica no transmisible producida por descargas excesivas e hipersincrónicas de un grupo de neuronas cerebrales.”
Pudiésemos asemejarla con un repentino cortocircuito que se apodera de algunas zonas del cerebro. Cuando ello sucede, las neuronas que allí se encuentran se activan al unísono de manera muy acentuada, descontrolando las áreas del cuerpo que atienden y provocando múltiples expresiones.
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