La profunda raíz de un mito
Según refiere la doctora Carina Díaz en su libro “¿Qué sabe usted deepilepsia?”, “apenas ninguna otra enfermedad nos permite remontarnos en lahistoria médica tanto como la epilepsia”. Existen numerosas referencias que constatan que ha acompañado al hombre desde sus orígenes siendo considerada una enfermedad crónica muy habitual.
Aunque hubo etapas en que se arrojó luz sobre el citado fenómeno, ha primado una visión mística. Tal pensamiento puede estar dado por influencia de la tradición judeocristiana, una de las más extendidas e influyentes, y que lo asumía como castigo divino u obra de demonios.
Con un estigma milenario, aún es difícil para quienes conviven con ellano ser mirados con recelo cuando se conoce su condición. Ante tal contexto, algunos deciden ocultarla al hacer amistades o buscar ubicación laboral.
“Yo trabajo con dinero y nunca he dicho nada de mi epilepsia porque temo, aunque está controlada, que me pasen para otro puesto con menos responsabilidad, pero también donde no me sienta realizado.” Así confiesa un joven de 24 años, diagnosticado en la adolescencia, que pidió el anonimato.
Tal vez su opinión sintetice en alguna medida el sentir de incontables personas que históricamente han sido expuestas a desagradables vejaciones. Muchos se vieron ignorados, discriminados, sometidos a brutales tratamientos y castigos, como ser quemados vivos durante la Inquisición.
Por suerte, hacia mediados del siglo XIX, la ciencia comenzó a dar pasos más certeros. Hasta hoy, nutriéndose del conocimiento internacional, Cuba ha encontrado vías para controlar los síntomas y espaciar las crisis generalmente a través de medicamentos.
La efectividad lograda ha contribuido a incrementar el bienestar de los epilépticos y sus familiares, que poco a poco aprenden a vivir bajo nuevas circunstancias.
Un paso adelante
Algo queda claro respecto a las crisis epilépticas aun si se manifiestan muy esporádicamente, al estar controlados por medicamentos u otro tratamiento como el quirúrgico, aparecen imprevisiblemente y desestabilizan el funcionamiento corporal.
Imagina entonces qué sucedería si alguien al estar nadando o montando bicicleta, quedase expuesto a las temidas descargas. El desenlace podría ser lamentable.
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