Honor a quien honor merece
Por fortuna existen todavía muchos estudiantes contrarios a esas prácticas, aun cuando el fuego cruzado del excentricismo termine por tildarle de “cheos” (apartados de la moda).
“Yo pienso que la moda es para las ropas de calle y no para llevarla en el uniforme”, dice con acierto Rachel, una profesora de noveno grado, “y a veces uno ve que viene un alumno con aretes, las cejas arregladas, un tatuaje en los brazos, un piercing en la nariz o en la boca, audífonos en los oídos, el pantalón por allá abajo y un jolongo (morral para llevar las libretas) enorme. Uno se pregunta:¿de cuál planeta habrá arribado éste?”
Otros como la profesora Carolina Vieiras, considera que todavía estamos en tiempo de dar en nuestras aulas una batalla contra el mal uso del uniforme y de crear hábitos de conducta en ese sentido acordes con valores éticos y estéticos más cercanos a nuestra propia identidad.
“Por lo general, expone, todos nuestros centros llevan nombres de mártires de la patria o de la humanidad, y me parece una grosera falta de respeto que un estudiante vestido como aquí se ha criticado, se pare frente a su imagen para rendir tributo de recordación”.
“Hay, y es bueno reconocer, muchos profesores, alumnos y maestros comprometidos con esta batalla que es ardua y de todos los días”, agrega.
Viaje a las raíces
La idea del uniforme escolar constituyó, desde sus inicios, un reclamo y una respuesta equitativa para borrar posibles asimetrías económicas entre distintos sectores de la población y de la sociedad socialista en su conjunto. Renunciar a ello sería como divorciarnos de un símbolo que ha tipificado una parte importante de la obra de la Revolución, impregnada ya en la historia.
A pesar de las carencias que nos han resultado inherentes en todos estos años, el país no ha renunciado nunca a dedicar cuantiosos recursos financieros para garantizar por lo menos un uniforme a los miles de estudiantes que disfrutan cada día del pan de la enseñanza.
Qué triste sería para un alumno sin recursos verse enfundado humildemente en las ropas viejas heredadas del hermano mayor, al lado de otro vestido al último diseño de marcas tan rimbombantes como Dior, Lacoste, Armani, Guess o cualquier otra, reservadas cual fetiches especulativos, exclusivos, y no pocas veces cursis, del poder y la opulencia económica en un mundo que clama entre otras cosas, sentido común a los cuatro vientos, ¿verdad?
| (Tomado de http://www.habanaenlinea.cu) |
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