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Ciencia y tecnología

¿Vencerán los androides a Cupido?
¿Quién puede negar el avance que representa poder contactar a otros con solo un clic, sin importar la distancia y en apenas segundos? Pero tampoco hay quien pueda resistirse a la incomparable sensación de sentirse abrazado.

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29 Jul 2018

 

Nunca cambies, mi amor, / por atender un mensaje/ Nunca cambies lo que siento/ por la portada de Facebook.

Así comienza una popular melodía interpretada por El Chacal, y que estoy segura has escuchado alguna vez o incluso tararees. Pero quizá no te has detenido a pensar en la realidad reflejada por el autor en la letra de esta canción.

En un mundo con tanto Facebook, Instagram, MySpace, Imo y otras muchas formas tecnológicas de comunicarse, ¿quién puede negar el avance que representa poder contactar a otros con solo un clic, sin importar la distancia y en apenas segundos? Y si se trata de la persona amada, disponer de esa posibilidad se convierte en algo nada despreciable: ¡qué agradable es saber que alguien nos dedica sus pensamientos!

Pero tampoco hay quien pueda resistirse a la incomparable sensación de sentirse abrazado, ver la expresión de un rostro cuando su dueño (a) nos dice palabras que nos trasladan a otro mundo, sentir el roce de una mano, una caricia, provocar una sonrisa… Nada que puedan igualar un millón de emojis ni un millar de abreviaturas en mensajes de texto. (No me mandes caritas como si estuvieras riendo/Prefiero que sonrías de verdad, dice en otra de sus partes la canción de El Chacal).

La ciencia también avala la importancia del intercambio social y el contacto personal en la vida del ser humano, y ello va más allá de las relaciones amorosas. Abundan los estudios que demuestran lo imprescindible del sentido del tacto para sobrevivir, sobre todo en edades tempranas, pues las caricias y la conexión física son tan relevantes y básicos para el recién nacido como comer y dormir.

La recomendación que se les hace hoy día a los padres acerca de mantener ese tipo de vínculo con sus hijos mientras crecen, no es solo válida para ese momento de la vida: los adultos también necesitamos de esta práctica.

Las investigaciones científicas dedicadas a las relaciones amorosas coinciden igualmente en la significación del vínculo cuerpo a cuerpo. Por ejemplo, especialistas de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos, aseguran que abrazarse o tomarse de la mano durante al menos diez minutos puede reducir los efectos físicos perjudiciales del estrés; y sus colegas de la universidad canadiense Wilfred Laurier verificaron que las parejas que se despiden con un beso en las mañanas aumentan su esperanza de vida en cinco años, se ausentan poco del trabajo e, incluso, tienen menos riesgo de sufrir accidentes laborales y de tránsito.

También acerca del beso, otros estudios exponen que ese gesto pone en funcionamiento 30 músculos faciales y estimula la producción de oxitocina, una hormona relacionada con el enamoramiento, el afecto, la ternura y el deseo de contacto físico.

Pero, sin demeritar la importancia y seriedad de todos estos criterios, estoy segura de que nadie necesita que se le demuestre que no hay nada comparable a mirarse en los ojos del otro, sentir acelerarse el corazón cuando vemos acercarse a quien representa para nosotros el mundo entero, o poder expresar, cara a cara, nuestros sentimientos y emociones.

Así lo han corroborado poetas y enamorados antes y después de Internet.

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