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Vida estudiantil

Viaje de regreso a la estrella azul
El IPVCE Vladimir I. Lenin es ese gigante azul que aunque impresiona por su majestuosidad, permanece en el corazón de los alumnos
2 Dic 2014

 

 

En ocasiones es necesario mirar hacia atrás, romper con la monotonía y trasladarnos en el tiempo para volver a la etapa de preuniversitario. A los momentos que sin saberlo quedarían grabados en nuestras vidas, tal vez como los mejores años. Un tránsito por la adolescencia con los sueños, ilusiones y esperanzas propios de la edad.

El IPVCE Vladimir I. Lenin es ese gigante azul que aunque impresiona por su majestuosidad, permanece en el corazón de los alumnos. Edificios con el mismo diseño, escaleras y pasillos interminables e idénticos que te conducen por su interior como si habitaras en un laberinto.

Es ese sitio que luego de un tiempo deja de ser un espacio frío y lejano para convertirse en tu hogar. Compartes la habitación con personas totalmente nuevas que el tiempo convierte en hermanos; cuyas virtudes se despuntan y a sus defectos terminas acostumbrándote. Culminas la pubertad tímida para convertirte en el hombre o la mujer que busca y decide el camino hacia su futuro.

Para algunos la Lenin es cuestión de continuar tradiciones, pues a veces nos llegan por referencia de familiares o amigos; para otros es una forma de avanzar en el perfil académico. Sin embargo, algunos la ven simplemente como una escuela de intelectuales, de chicas con la saya larga, estudiantes con espejuelitos y siempre un libro en la mano.

Pero más allá, es un lugar que te cambia la vida: exige lo mejor de ti y finalmente lo consigue. Es donde cada día te haces más independiente, humano, apasionado. Eres tú mismo, pero concibes al hombre del mañana. Es forjadora de los profesionales del futuro, creadora de ese hombre nuevo del que nos habló el Che.

No es solo un instituto de ciencias exactas, pues las metas son diversas, desde aprobar con más de 85 puntos hasta aprender la vuelta del 70 en las ruedas de casino o el “Muelle de San Blas” en los intentos trovadorescos. Varios disfrutaron en él del primer amor, enfrentaron los mayores retos e incluso hallaron amistades que perduran a través de los años.

Las guardias, cuartelerías, autoservicios o los turnos de trabajo, tan indeseados en su momento, ahora son motivo de añoranza y constantes temas de conversación para todo egresado; así como el monograma rojo y el largo aplauso de la escuela que tan complejo resulta al inicio.

Cada 31 de enero era el pretexto para retornar a nuestro gran hogar, donde vivíamos con emoción el encuentro de diferentes generaciones: adultos que volvían al sitio donde comenzaron sus sueños. Hoy ya no es la estrella azul el lugar de las reuniones; sin embargo, perdura la tradición.

¿De qué graduación eres? Esta pregunta resulta una invitación para todo aquel que estudió en la Vocacional, pues a partir de ese momento comienza un debate que no tiene para cuándo acabar. Las memorias se convierten en vivencias y se entrelazan historias creadoras de un vínculo inesperado.

Al pasar los años los recuerdos quedan un poco lejanos en el tiempo, pero oculto habrá siempre un sentimiento vulnerable a un viaje de regreso.

 

Comentarios

Imagen de Claudia Marin
Vie, 08/05/2015 - 15:33

Ahi pase los mejores tres años de mi vida y los recuerdo con mucha añoranza y cariño
 

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