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Cuba joven

Para vivir mejor
Desde los tiempos del filósofo griego Sócrates se han analizado conceptos relativos a los términos de los valores humanos, es decir, aquello que representa en sí lo mejor del espíritu, de la raza y la civilización

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14 Sep 2014

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(Publicado en 2008)

 

Desde los tiempos del filósofo griego Sócrates se han analizado conceptos relativos a los términos de los valores humanos, es decir, aquello que representa en sí lo mejor del espíritu, de la raza y la civilización.

Nociones tales como belleza, el bien o el mal han sido motivo de indagación por parte de innumerables filósofos. Los estoicos, por ejemplo, fueron pioneros en intentar explicar la existencia y el contenido de los valores de preferencia moral, y así hablaron profusamente de la dignidad y la virtud, entre otros.

Platón decía que un valor “es lo que da la verdad a los objetos cognoscibles, la luz y belleza a las cosas; en una palabra, es la fuente de todo ser en el hombre y fuera de él”.

Max Scheler fue un filósofo alemán que abordó ampliamente el tema durante la sociedad burguesa que nacía en el siglo XVII. Para él, los valores son cualidades de orden especial que descansan en sí mismos y se justifican por su contenido. El sentimiento de valor es una capacidad que tiene el hombre para captar los valores. Para este pensador, “el hombre es hombre porque tiene sentimiento de valor”.

A fines del siglo XX y principios del XX, con los aportes de los clásicos marxistas, se comienza a abordar el concepto de valor sobre la base de la relación sujeto-objeto, de la correlación entre lo material y lo ideal.

De ahí que la filosofía marxista-leninista estableciera el análisis objetivo de los valores, a partir del principio del “determinismo aplicado a la vida social, donde se gestan el valor y las dimensiones valorativas de la realidad; es decir, esa capacidad que poseen los objetos y fenómenos de la realidad objetiva de satisfacer alguna necesidad humana.

Como puede apreciarse, la necesidad del estudio de los valores ha existido a través de las diferentes etapas históricas, aunque respondiendo a los intereses de clases y a las condiciones concretas existentes.

Sin embargo, a pesar de los análisis relativos a los valores humanos, estos continúan en boca de prácticamente todo el mundo. Muchos están cada vez más preocupados y afectados por la violencia, los crecientes problemas sociales y la falta de cohesión social a nivel mundial. Realidades que ponen en entredicho la sonada proclama de que somos cada día más civilizados y que, al parecer, se mide más por el desarrollo tecnológico y no por el humano que, en definitivas cuentas, es lo que debiera regir el verdadero avance de nuestra supuesta “civilizada humanidad”.

Los valores humanos: el hombre: armonía
¿Por qué la importancia de los valores humanos? ¿Por qué preocuparse por aquello que pudiera considerarse ideal o utópico? ¿Por qué incentivar emociones que todos sentimos, pero que llevamos escasamente la práctica o de manera inconstante? Cabría preguntarse: ¿un mundo mejor es posible?

La respuesta es sí (ese sí está dado desde la creencia de este humilde periodista, seguro de que muchos piensan o creen igual; aunque respetamos opiniones diferentes).

Si en comunión decidiésemos dar lo mejor de nosotros, si el mundo entero resolviera perdonar y no tomar represalias contra aquello de lo cual estima ha sido víctima, el cambio seria apreciable de inmediato.

¿Es una utopía, un sueño? Tal vez. Pero si sentimos o creemos en ciertos valores universales de armonía es porque existen y, si existen en cada uno de nosotros, entonces podemos alcanzarlos. ¿No crees tú lo mismo? ¿O acaso no luchas por ser cada día mejor?

Quizá ya te estás preguntando: ¿cuáles son esos valores?

Los valores universales:
* Honestidad
* Felicidad
* Humildad
* Respeto
* Libertad
* Amor

El final
Muchos afirman que existe una crisis universal de valores. La globalización, los desengaños, las esperanzas que nunca se cumplieron, crisis económicas que nos han afectado a todos, han traído consigo internamente carencias materiales y un bajo nivel de satisfacción de las necesidades.

Esto ha provocado, como reacción inmediata, la disminución del valor de los fenómenos espirituales y sociales, y que se les conceda mucha más importancia a los asociados con la satisfacción de las necesidades materiales.

A algunos valores morales universales como la honestidad, se les ha impuesto un rasero práctico regido por la doble moral o el utilitarismo, por tan solo citar un caso.

No es una batalla perdida. Si luchamos cada uno desde nuestro espacio, desde nuestra individualidad, por practicar cada valor en la medida de nuestras posibilidades, ya estamos haciendo algo por nosotros y también por los demás.

No cabe dudas, como escribió Felipe Sánchez Linares en su libro “¿Es ciencia la filosofía”?: “que la solidaridad es más rentable que el egoísmo, que el costo de la codicia es superior al de la generosidad, que la eficiencia basada en la administración democrática es superior a la genialidad de cualquier burócrata y que el economismo no puede ser la supraideología de una nación que aspira a seguir siéndolo con todos y para el bien de todos”.

Los jóvenes cubanos opinan

 

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