“Si pasan las pruebas de aptitud se pueden incorporar a nuestros cursos, pero siempre deberán tener en cuenta que para ser un buen locutor hay que sentir deseos permanentes de aprender, saber que se enfrentan a algo muy difícil y que la voz es solo la materia prima, no lo es todo”.
Todos hemos oído comentarios acerca de que en algunas provincias supuestamente se habla mejor que en otras. No quisimos dejar pasar la oportunidad de saber la opinión de expertos del buen decir.
“Hay regiones del país donde por diversas razones históricas, de población, etcétera, hay menos dislalia que en otras. Los mejores ejemplos son Camagüey y Ciego de Ávila, también Las Tunas, Holguín y Granma.
“En esas provincias, las personas, generalmente, articulan las palabras de forma correcta. Que conste que esto nada tiene que ver con la entonación, o el llamado ‘cantaíto’ del que se acusan mutuamente habaneros y santiagueros; solo se refiere a no omitir sonidos o cambiarlos por otros en el momento de hablar”, nos precisa Alarcón Santana.
Camagüeyana, Mara no pierde la ocasión de bromear: “No en balde, Camagüey y Ciego han dado tantos buenos locutores; imagínate que de Ciego eran Manolo Ortega, Eddy Martín y Héctor Rodríguez. Ahora somos unos cuantos de Camagüey: Antonio Nápoles, Laritza Ulloa…”.
Entre risas, Argelia Pera, aclara: “Yo soy de Santiago y no hablo peor que nadie”. Alarcón Santana, manzanillero, precisa salomónico: “Por suerte, en todas las provincias tenemos excelentes profesores y locutores”.
En estos tiempos, cuando en ciertos segmentos poblacionales proliferan la gritería, las obscenidades y chabacanerías, el buen decir parece no estar de moda determinada parte de la juventud. ¿Cómo se las arreglan estos jóvenes cuando se alejan del micrófono y salen a la dura calle?
“Muchas veces nos miran como a bichos raros, pero los profesores que tenemos [Mara señala a Alarcón Santana y Argelia Pera] nos enseñan que esta labor es de muchísimos detalles y hay que respetarla; que con el tiempo nos convertimos, queramos o no, en personalidades públicas y debemos comportarnos y expresarnos adecuadamente”.
“Escogimos una carrera muy comprometida. Hay que recordar de dónde venimos y tener los pies bien plantados en la tierra, sin caer en facilismos”, subraya Isandra.
Se incorpora al encuentro Humberto Camejo, artemiseño de veinticuatro años, licenciado en Historia y locutor en Radio Reloj. “En la calle hablo como mismo lo hago en la emisora, creo que la educación y el respeto no están reñidos con la alegría y espontaneidad del cubano. Quien le hable al público debe respetarse y saber que es heredero de una tradición de buenísimos locutores”.
Argelia Pera escucha con atención a los muchachos, sus muchachos: “Ellos tienen que ser un patrón del habla y de la imagen, sin autosuficiencia, con humildad. Nosotros aprendimos de los fundadores de la radio y la TV, ahora estamos obligados a transmitirles a los jóvenes colegas conocimientos y valores”.
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