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Arte

Y se nos fue Titón…
El 16 de abril de 1996 murió Tomás Gutiérrez Alea, considerado uno de los más destacados cineastas en la historia del cine cubano. Para él este humilde tributo

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8 Oct 2014

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(Publicado en 2011)

 

Su legado es indiscutible: “Memorias del subdesarrollo”, “Las doce sillas”, “Los sobrevivientes”, “La última cena”, “La muerte de un burócrata”, “Fresa y chocolate”… Películas todas que dejan en claro la peculiar forma de transmitir que tenía Tomás Gutiérrez Alea, alias Titón.

Apareció en 1955 junto a Julio García Espinosa en el documental “El Mégano”, sobre la vida de los carboneros en la Ciénaga de Zapata y que es considerado por críticos como lo mejor de la creación cubana en esa década. El material fue secuestrado por la policía batistiana por la repercusión creada ante tanta miseria denunciada.

En 1960 realizó el primer largometraje de ficción del ICAIC, Historias de la Revolución, con el cual inició una obra que le reconoció el mundo como uno de los grandes de la cinematografía latinoamericana. En esa década también realizaría filmes que mostrarían su genio cinematográfico.

Titón es un emblema de la filmografía cubana, cuya particular visión cinematográfica hace que sus películas no pierdan vigencia, que el entretenimiento además tenga sentido. Su deseo de evitar la retórica inútil dio frutos, como también, en cierta medida, su pretensión de que las creaciones constituyeran un elemento movilizador que estimule la participación en el proceso social.

“En Cuba todo el mundo quiere y admira a Titón —dijo una vez el escritor Reynaldo González, amigo íntimo y albacea ‘espiritual’ de Gutiérrez Alea—, le respetan no solamente como cineasta, también por sus textos teóricos. La característica más valiosa de su personalidad y su trayectoria era su honestidad. Era un hombre profundamente comprometido con la Revolución, pero en el sentido revolucionario de revolución, no en el sentido burocrático y disciplinario”.

Su magisterio (tal vez involuntario) del cual muchos amantes del séptimo arte se nutren, descansa en esa permanente invitación a discutir también su obra y no a convertirla en un fetiche sagrado. Él fue uno de esos raros ejemplos dentro del cine cubano que pasó por encima de esas estériles manías de marcar fronteras entre la creación y el pensamiento.

Alguna vez confesó que para él “el cine sigue siendo un instrumento valiosísimo de penetración de la realidad. El cine no es retratar la realidad simplemente. El cine es manipular. Te da la posibilidad de manipular distintos aspectos de la realidad, crear nuevos significados y es en ese juego que uno aprende lo que es el mundo”.

Lo cierto es que aun hoy, casi cinco décadas después de haberse filmado “Memorias del subdesarrollo”, las salas de cine continúan llenándose cuando es transmitida. O muchos suelen quedarse en casa para disfrutarla nuevamente.

Hay una mezcla, un sentimiento, un pensamiento que se transmite y que no importa los tiempos que corren, no pierde vigencia. Ahí está la genialidad de este hombre, de nuestro Titón, que consiguió crear un filme imperecedero, captar un instante de la esencia del proceso revolucionario cubano, una película como la vida misma, donde las preguntas importan más que las respuestas.

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