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José Ramón, no el gordito, ni el flotante, ni la boya, ni el bola… José Ramón, no el gordo, ni la grasa, ni el elefante…
José Ramón: Manteca… Manteca … Manteca, y todo el mundo se olvidó de su nombre y hasta él dejó de molestarse y respondía cuando le llamaban por el apodo que hasta cierta fama le dio. Porque, ¿quién no conocía en el barrio, al menos de oídas, a Manteca?
Y es que desde pequeño, mientras nosotros montábamos carriola, él comía. Cuando jugábamos a la pelota, él nos miraba comiendo. Si nos íbamos a bañar a la poceta, él limpiaba la mata de guayabas. Si nos subíamos a tumbar mangos, él los esperaba abajo y comía, comía, comía…
Porque así era Manteca. De esos que en vez de comer para vivir, viven para comer, y el cuerpo —por supuesto— se le fue transformando, y a los uniformes había que colocarles tiras para que aumentasen a tallas inexistentes para su edad.
—¡Qué saludable mi hijo!
—Señora, su hijo está obeso.
—¡Estoy hermoso!
—No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Y el espejo debió ser doble para poderse ver Manteca. X…Xl…XXl. la ropa en la Casa de los Gordos, en la casa de los más gordos.
“¡Manteca, vas a tener que hacerte la camisa con una sábana y el pantalón con un cubrecamas!”, le gritaban. Y a él no le importaba, extasiado en su mundo de leonesas, papas fritas con huevos, flautas de pan con mayonesa, mostaza, cerdo, pasteles de guayaba, queso, panes con aceite, mucho aceite para que se engrasase bien la tripita y hacerle honor al nombre: Manteca.
Era famoso, sin lugar a duda. En el barrio todos lo conocían. Porque a pesar de sus 400 libras, Manteca se movía. Era más fuerte el deseo por la comida que el malestar que debiera producirle el andar. Dondequiera lo llamaban, dondequiera lo señalaban. Era famoso a su forma. El gordo, descomunal, el Manteca.
Y el médico se lo dijo.
—José Ramón…, Manteca … bueno, Manteca, la presión, el azúcar, el corazón, las arterias… tienes que moderarte porque no llegas al año nuevo. Finito, kaput, the end. No habrá 2016 para ti.
| Sigue... |


Comentarios
Un gran artículo. Todo el mundo debería tomarse en serio estas historias.