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Los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.
De mi Cuba te cuento


Antonio Maceo y Grajales

Con tanta fuerza en la mente como en el brazo.
(Tomado de www.loc.gov)

Nació en Santiago de Cuba el 14 de junio de 1845. Era hijo de Marcos Maceo y Mariana Grajales, quienes poseían algunas tierras y su posición económica era desahogada.

Al comenzar la Guerra de los Diez Años se incorporó a esta en los primeros días junto a su padre, quien murió poco tiempo después, y participó en ella junto a sus doce hermanos y toda su familia. Desde el puesto más humilde de soldado alcanzó, por méritos en combates, el grado de Mayor General a las órdenes de Máximo Gómez.

Al terminar la Guerra de los Diez Años su hoja de servicios recogía 800 acciones de guerra y tenía veintisiete cicatrices en su cuerpo.

Considerado en nuestra historia combatiente por excelencia y el más grande caudillo militar, fue poseedor además de una gran personalidad y una capacidad política, lo que lo llevó siempre a actuar inalterablemente en servicio de la revolución y de la Patria.

Cuando todos flaqueaban y perdían las esperanzas en la viabilidad de la revolución, Maceo conservó inalterable su fe en ella y sin vacilaciones se negó a cuanto significaba aceptar de España nada que no fuera la plena independencia.

En los Mangos de Baraguá se enfrenta al general Martínez Campos para manifestarle su inconformidad con la Paz del Zanjón y su decisión de continuar la lucha. Su intransigencia revolucionaria se basa en dos aspectos para él fundamentales: en el Zanjón no se obtiene la libertad total de los esclavos ni la libertad de Cuba. Representó entonces y después los más altos intereses revolucionarios de nuestra patria, con gran modestia y sentido de la responsabilidad.

Después de marcharse al extranjero residió en distintos países; organizó con Calixto García, Máximo Gómez y José Martí distintas conspiraciones independentistas y desembarcó en Cuba en 1895, donde obtuvo éxitos resonantes contra las fuerzas españolas.

Dirigió personalmente la Invasión de Oriente a Occidente, llevó la guerra a los confines de la isla y dirigió durante la contienda 119 acciones.

Su capacidad política y su clara visión lo llevaron a ser un consecuente antiimperialista y a desear insistentemente la independencia de Cuba por el propio esfuerzo de los cubanos.

Celoso defensor de nuestra independenciay de los peligros que sobre ellas se cernía, dejó escritas estas proféticas palabras: “De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos, todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos, mejor es subir y caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

Maceo murió en combate el 7 de diciembre de 1896, y ese día fue escogido por nuestro pueblo para rendir en el homenaje a todos los caídos en la lucha de nuestra patria por alcanzar la independencia.


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