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Y me hice maestro
Por ARC
Fotos:
Elio
Miranda

" Los jóvenes que se
decidan por esta carrera requieren de constancia, responsabilidad,
confianza", afirma Arait. |
Sensible, de convicciones indestructibles
y concentración en sus propósitos es Arait González
Noda, una de las jóvenes del interior del país
que hoy cursa la carrera de Profesor
General Integral e impartir clases en la secundaria básica
experimental José Martí, ubicada en Ciudad
de La Habana.
Me hablaron de ella como una de las jóvenes
profesoras más eficientes de la escuela. Apenas terminaba
un turno de Historia con sus 15 alumnos cuando, sin saber
cómo negarse, me concedió la entrevista. Y es
que Arait es de esas personas que jamás dicen NO, cuando
de una buena causa se trata.
¿Cómo se decidió
por el magisterio?
“Yo estudiaba en la escuela vocacional de Villa
Clara, Optaba por la carrera de Periodismo y reunía
todas las condiciones para ella. También me desempeñaba
como secretaria general de la UJC
y debía dirigir el proceso de captación que
comenzó precisamente en los Institutos Preuniversitarios
Vocacionales de Ciencias Exactas. Al comprender lo necesario
que le era al país tener maestros en sus aulas, no
pude evitar sumarme, di un paso al frente y renuncié
a mi carrera, a lo que antes había soñado, porque
la Revolución lo precisaba”.
Pero no suele arrepentirse de sus decisiones
y menos de esta que sellará su existencia, pues considera
que un profesor general integral está obligado a investigar,
a ejecutar diversos roles como un actor y el hecho la hace
sentirse útil.
“Sí, porque hay que ser un
trabajador social cuando
se visita al estudiante para entender sus dificultades Toca
convertirse en psicólogo cuando la única opción
es trabar con el niño y esa familia, con esa sociedad
a transformar en función del bienestar del adolescente;
ese es nuestro propósito en realidad. Somos también
médicos del alma.
“A veces de una mirada sabemos qué
nos están transmitiendo, si no hizo la tarea por qué
no la hizo, qué dificultad pudo haber tenido en su
casa.
“Por otra parte, la carrera obliga
a la investigación constante al punto de convertirlo
a uno en alguien capaz de dominar diversas asignaturas: Matemática,
Español, Historia y además estar preparado para
impartirlas.
“Es por estas razones que no me arrepiento
de haber cambiado de ruta profesional.
“Aunque no todo es perfecto —dice
y queda sen silencio durante segundos, Mira los árboles
del pequeño parque donde nos encontramos como si la
solución se paseara por las ramas, Luego continúa:
“Es un reto trabajar con adolescentes que han llegado
a este nivel con muchas dificultades Aunque fundamentalmente
tuve que enfrentar el desafío de trabajar con los de
La Habana Vieja, algunos con problemas de vivienda y sociales
que no podía imaginar; con dificultades en sus casas
que les afectan el estudio, la puntualidad.

Arait enfrenta un reto día
a día. |
“Entonces nos toca a nosotros, los
jóvenes maestros, trabajar con esos 15 estudiantes,
con esas 15 familias, para que ellos vengan a la escuela,
sean disciplinados, estudien, vayan a los museos a cultivarse
y conocer la historia, se preparen y puedan en un futuro ser
profesionales.
“Para mí no ha
sido fácil enfrentar tantos retos: estar lejos de la
familia, crear nuevas amistades, dejar atrás las que
vinieron conmigo, afrontar a padres con más experiencia
de la vida que yo… Enfrentar a un tutor, tíos,
parientes, a un estudiante que hoy tiene una casa y mañana
a lo mejor hubo un derrumbe en La Habana Vieja y se le cayó
y tiene que seguir asistiendo a la escuela aunque viva en
un albergue lejano”.
Arait está en el tercer año
de su carrera por encuentros. Cada 15 días, un sábado
sí y otro no, llega ansiosa por los nuevos conocimientos
que recibe en pequeñas dosis. Y es que ella está
casi desesperada por superarse y poner esa preparación
en función de sus alumnos. Se siente capaz de transfigurar
todo lo rústico que encuentra en su camino.
Y si de algo está convencida es de
que:
“Los jóvenes que se decidan
por esta carrera requieren de constancia en el estudio, responsabilidad,
confianza en lo que están haciendo y deseosos de enseñar
con cariño porque los adolescentes de verdad lo necesitan”.
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