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En la
península de Guanahacabibes existe un proyecto
para salvaguardar una parte importante de nuestra ecología.
Salvemos a las tortugas
Por
IWC
Fotos: Elio
Miranda

Algunas especies de tortuga viven más de cien años. |
Tortuga: nombre común
de ciertos reptiles que se caracterizan por tener un caparazón
duro que recubre los órganos internos del cuerpo. Las
especies actuales son bastante parecidas a los fósiles
de tortugas que se conocen. Los más antiguos, pertenecientes
a este grupo, se remontan al Triásico, que se inició
hace 245 millones de años y finalizó hace 208.
Al contrario que los dinosaurios y muchos otros animales que
se extinguieron a finales del Mesozoico, hace unos 65 millones
de años, las tortugas han seguido adaptándose
y prosperando. El orden Quelonios,
al que pertenecen, se divide en dos subórdenes: el
primero, que comprende especies capaces de retraer la cabeza
al interior de la concha con un movimiento telescópico
del cuello; y el segundo, que comprende las especies que esconden
la cabeza doblando el cuello hacia un lado. El orden cuenta
aproximadamente unas 270 especies vivas agrupadas en 12 ó
13 familias.
Todas las tortugas presentan fecundación
interna y son ovíparas. Entierran los huevos en nidos
que construyen en la tierra y normalmente luego los abandonan.
En muchas especies el sexo de las crías depende de
la temperatura del nido. Normalmente son longevas; algunas
especies viven más de 100 años.
Al extenderse la ocupación humana,
las poblaciones de tortugas van disminuyendo de forma rápida,
no solo porque estos reptiles de movimientos lentos son fáciles
de capturar, sino porque sus hábitats cambian radicalmente.

Los científicos las miden
desde pequeñas. |
La tortuga verde
Ese es el nombre común de una tortuga
marina de gran tamaño, así llamada debido al
color de su grasa. Es la de natación más rápida,
capaz de alcanzar una velocidad de hasta 32 km por hora. Muy
frecuente en todos los mares cálidos del mundo, en
ocasiones, durante el verano, llega hasta las costas del Atlántico
norte de Estados Unidos y Europa. Se considera una especie
accidental en las costas de la península ibérica,
las Islas Baleares y Canarias.
En los adultos, el caparazón
puede tener más de un metro de longitud y el peso corporal
puede superar los 180 kg. Al igual que otras tortugas marinas,
la verde tiene las extremidades delanteras en forma de remo.
Se diferencia de otras en que tiene un único par de
placas en la parte superior de la cabeza entre los ojos, un
caparazón relativamente liso y solo cuatro capas no
solapadas a cada lado del caparazón.
El macho no abandona nunca el mar; la hembra
solo lo hace por la noche para poner sus huevos, hasta 200,
más arriba de la marca de la marea alta; las crías
salen del huevo incubado por el calor del sol y no tardan
en dirigirse hacia el mar.
Las tortugas verdes son omnívoras,
pero se alimentan fundamentalmente de vegetación marina.
Su carne, semejante a la de la ternera, se utiliza en sopas
y filetes; también sus huevos son un alimento muy apreciado.
Debido a la sobreexplotación, el
número de tortugas verdes está disminuyendo
rápidamente, por lo que está considerada una
especie amenazada.
Reserva
de la Biosfera
La península de Guanahacabibes, ubicada en la provincia
de Pinar
del Río, es un sitio de naturaleza casi prístina
donde desovan principalmente la tortuga verde (Chelonia mydas)
y la caguama (Caretta caretta), dos especies en peligro de
extinción.
La prácticamente nula presencia humana,
la ausencia de urbanización y la conservación
de la zona, le ha valido ser declarada Reserva de la Biosfera.
No es raro hallar iguanas y jutías
casi al alcance de la mano, y una gran variedad de orquídeas.También
habitan en ella langostas, alcatraces y gaviotas; así
como vacas y toros descendientes del primer ganado que trajeron
los españoles en la colonización de la isla.

La doctora Ibarra Martín
estimuló la idea de utlizar estudiantes en el proyecto. |
El proyecto
La doctora María Elena Ibarra, directora
del Centro
de Investigaciones Marinas (CIM), impulsó la idea
del profesor Gaspar González Sansón de utilizar
estudiantes en proyectos voluntarios.
Cuba poseía, como antecedente, un
estudio de monitoreo de la actividad de anidación de
las tortugas marinas, auspiciado por el Ministerio de la Pesca,
por lo que se conocían los posibles sitios de desove
de estos longevos animales. Además, Guanahacaibes parecía
un sitio perfecto para poner en práctica la idea. Algunos
pobladores habían realizado estudios acerca de la biodiversidad
de la zona. Un apicultor, Fico Varela, incluso había
intentado la cría en cautiverio, a partir del saber
empírico basado en la experiencia acumulada por los
habitantes de la zona.
Gracias a su pericia, en especial acerca
de las playas de anidación y las especies fundamentales,
se fundó el proyecto del Centro de Investigaciones
con el conocimiento de las características del área.

Las tortugas anidan en años
alternos. |
Una realidad que
crece
Al comienzo fue un campamento de cuatro integrantes
que monitoreaban las dos playas. No se conocía el número
de tortugas ni cuán importante podría ser la
población de estas en la región. Un estudio
de rigor ha permitido que el proyecto crezca hasta abarcar
actualmente ocho playas de anidación.
Pero esto no basta. Sin el apoyo de los
pobladores, la proyección y conservación de
la tortuga sería imposible. “La comunidad debe
estar inmersa en la protección de estos animales”,
dice el doctor Rogelio Díaz. “Existía
la creencia de que el número de animales que visitaba
este lugar era elevado debido a la cantidad de nidos. Por
lo tanto, aunque ilegal, muchos justificaban su depredación.
El proyecto se encargó de desmentir esto. Contabilizamos
en una temporada de alta -pues las tortugas anidan en años
alternos- unos 70 ejemplares y les demostramos a los habitantes
de la zona que el índice de mortalidad de las tortugas
neonatas y su posterior desarrollo en el mar era muy elevado.
Según criterios conservacionistas, de cada 100 que
nacen solo una sobrevive hasta su etapa reproductiva”.
El trabajo en las
playas
Formar parte del proyecto es estar prácticamente incomunicado
durante quince días. Hay que aprender a sobrevivir,
a ser útil. Debes estar dispuesto a dormir poco, pues
el trabajo se realiza de noche y en el día debes ocuparte
de las tareas de campamento: preparar la comida, buscar agua.
La playa se monitorea durante toda la madrugada;
debe hacerse a oscuras, pues son muy sigilosas y se alejan
ante cualquier presencia. Todo esto bajo el azote de los jejenes
y los mosquitos. Con un pie de rey, pinza, marcas y una cinta
métrica.
Se trata de no interferir el proceso de
anidación. Al encontrar un rastro se localiza para
observar en qué fase del proceso se encuentra (subiendo
a la playa, abriendo la cama, excavando el nido, ovopositando,
tapando el nido, camuflando o regresando a la playa). Se anota
la hora, la distancia desde la playa hasta el nido, la cantidad
de huevos y se marca la tortuga, para poder hacerle un seguimiento
posterior y profundizar en el estudio de su comportamiento.

El doctor Díaz confía
en la efectividad del trabajo de los estudiantes. |
Objetivos
De las tortugas se conoce muy poco, por ser
el 95% de su vida marítima y pelágica. Al salir
a tierra pasan a la fase más vulnerable de su vida
adulta, pues les acechan muchos peligros y el fundamental
es la depredación humana.
El objetivo del proyecto es conservar y
estudiar la vida de estos animales en vías de extinción.
Crear conciencia entre los pobladores para evitar que sean
cazadas. “Donde están los estudiantes o el proyecto,
la depredación desaparece”, dice Rogelio Díaz.
Aplicar prácticas de
campo para que los alumnos puedan llevar a cabo lo aprendido
en las aulas es una de las prioridades. La seriedad del proyecto
ha posibilitado que se declare como asignatura oficial de
la Facultad de Biología de la Universidad
de La Habana y la península sea tomada como polígono
de investigaciones.
Más allá,
siempre más
El proyecto se ha difundido. La ecología no es exclusiva
de los biólogos. Muchos se han sumado: arquitectos,
médicos, fotógrafos, periodistas…
En el país van surgiendo proyectos
similares auspiciados por el CIM. En Santiago
de Cuba se ha realizado una extensión de este proyecto
para conservar y proteger las tortugas. También en
la cayería Jardines del Rey establecerán campamentos
de estudio.
“Todo ha sido gracias a la aceptación
de la comunidad ecológica del país y la seriedad
del proyecto”, afirma Rogelio.
“Esperamos mantenerlo durante
mucho tiempo. Es necesario para estudiar y conservar en profundidad
estos misteriosos y antiquísimos animales”.
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