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Nadar y nadar
en Cuba
El hecho de ser Cuba una isla no
guarda —contrario a lo que piensan muchos— una
proporción directa con tener buenos nadadores. La realidad
cubana sobre este solitario deporte, sus protagonistas, el
pasado orgulloso de medallas olímpicas y mundiales
y las reales perspectivas, son solo algunas brazadas en el
largo camino de esta competencia, la vida.
Por Joel
García
“Mami, quiero que me anotes en el béisbol”,
dijo hace más de 20 años el pequeño Neisser
con la ilusión de imitar a su padre, pero la suerte
y la cercanía de una piscina a la casa hicieron que
esa petición fuera trocada. Casi tres lustros después,
en 1996, el pequeño agradeció con un histórico
bronce olímpico en los 100 metros espalda la decisión
de su madre.
¿Qué
dice la historia?
La pasión por la natación en Cuba no se reduce
a unas cuantas medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe,
contadas preseas en Juegos Panamericanos y lides mundiales,
y como punto máximo dos premios olímpicos.
Las medallas doradas de Bebito
Smith en las primeras confrontaciones de la natación
en el área centroamericana durmieron con honor —que
no olvido— hasta finales de la década de los
ochenta, cuando el pechista Pedro
Hernández logró subir al podio en torneos mundiales
de curso corto. Poco después, en 1991, el joven Mario
González (Mayito), igual en pecho, escribió la
proeza del primer título panamericano en la propia
Habana, con récord incluido.
Cinco años después, dos espaldistas,
Rodolfo
Falcón y Neisser
Bent, pulverizaron los pronósticos con plata y
bronce en la cita estival de Atlanta
1996. Luego llegaron más oros mundiales de curso
corto y Juegos Panamericanos hasta la justa de Winnipeg
1999. La cúspide había sido tocada convincentemente
por los criollos, pero el reto aumentaba.
La pasividad y el
atleta ideal
"Para sacar un atleta de nivel necesitas tener nadando
a miles de personas”, asegura Claribel Mechoso, otrora
ondina y actual entrenadora. “En el caso nuestro se
suma que no contamos con el somatotipo ideal de nadador, por
lo que en el esfuerzo y la dedicación de los muchachos
se basan los éxitos”.
Víctor García, experimentado
preparador de la Escuela Nacional Marcelo
Salado, comparte similar criterio. Con admiración
y sin titubeos reconoce que sí se puede hablar de una
escuela cubana de natación probada, científica
y muy disciplinada, aunque ahora esté pasando por un
momento difícil, en gran medida por la pérdida
de continuidad en esta disciplina en los niveles juveniles
durante la última década.
El costo de mantener funcionando cientos
de piscinas, construidas en estos 43 años y diseminadas
por todo el país, es elevado e imposible de sostener
en los momentos actuales, dada la situación económica
de la isla. Sin duda, esa es la principal causa del recorte
de practicantes y con ello la cantera de donde extraer.
“Antes todas las provincias tenían
escuelas de natación, algunas con más de 300
alumnos. La reducción de matrícula llevó,
en un momento, al champeonismo (captación solo de los
ganadores en edades escolares), fatal para aspirar a escoger
después atletas talentosos”, comenta María
Isabel Ramón, destacada figura de esta disciplina en
los años ochenta del pasado siglo.
Resultados y rivalidad
Toda una autoridad en nuestras albercas, el licenciado Tomás
Haces recuerda que “las medallas olímpicas y
los demás títulos mundiales y panamericanos
alcanzados por Cuba en la etapa revolucionaria son de una
generación formada en la década de los ochenta”.
Optimista en poder revertir la situación
actual, Haces rechaza el viejo concepto de igualar la geografía
de una isla a tener buenos nadadores.
“Es totalmente falso, pues nadar en
playa no equivale automáticamente a nadar bien en piscinas.
Esto requiere de muchos recursos y no por gusto los países
más desarrollados: Estados Unidos, Australia y Alemania,
dominan los torneos internacionales”.
Los escasos topes nacionales y foráneos
para alcanzar un nivel decoroso y, por consiguiente, la poca
rivalidad que esto acarrea, fueron señalados por el
veterano entrenador Raúl Messir como obstáculos
del desarrollo.
“Este deporte necesita mucha motivación
por lo duro y solitario que es. Soy de los convencidos que
se topa para alcanzar nivel, y no viceversa. Tener un contrincante
que hale, que te exija, es fundamental. Nosotros tuvimos un
Mayito porque antes hubo un Pedro Hernández. Y el bronce
olímpico de Neisser lleva la marca de esa rivalidad
con Falcón en entrenamientos y competencias”.
Dúo intrépido
Parada obligatoria en la historia de nuestra natación
son Rodolfo Falcón, Neisser Bent y el equipo que tuvo
a su cargo la preparación, el cual rompió con
probados conocimientos y un sistema de entrenamiento basado
en la parte científica en los tradicionales métodos
rusos y alemanes que rigieron por casi 20 años de nuestras
piletas.
El subcampeón olímpico retirado
hace dos años del deporte activo es modesto cuando
recuerda aquellos años; y crítico con el futuro
que se avecina. “Si llegamos a tener atletas a nivel
mundial, quedó probado el sistema de entrenamiento.
Pero este es la suma de muchos factores incluido el fundamental
y más difícil de conseguir: nadar todo el año,
con frío y calor. Antes teníamos condiciones
ideales, pero faltaba nivel técnico. Y en eso consiste
la preocupación mayor, pues sería penoso dejar
caer nuestra natación después de tanto esfuerzo
y sacrificio de todos”.
Con precisión y detalles, Neisser
define estar aún enamorado de su deporte, a pesar de
reconocer las dificultades para entrenar y la inestabilidad
de sus actuaciones después de 1998. “Posiblemente
seamos de los países que más duro entrenen en
el mundo. Al tener menos de todo, la capacidad de los entrenadores
ha crecido, pero las motivaciones bajan con tremenda facilidad
por lo aburrido y solitario de los ejercicios. Se cansa mucho
la mente y eso ha provocado que más de uno deje el
deporte pudiendo dar más o que falte esa ambición
por ganar, como me ha ocurrido”.
Si bien expertos coinciden en que Cuba jamás
será potencia mundial en esta disciplina por tradición,
alta carestía de su práctica y ausencia de atletas
talentosos, la posibilidad de obtener medallas en algunas
especialidades —tal y como ya sucedió—
siempre estará latente cuando la capacidad de entrenamiento,
motivación y ambición de ganar logren perfecta
armonía.
¿Bola mágica
para el futuro?
Cuba sí tiene tradición de nadar, no de nadadores
medallistas, y eso hay que aprovecharlo al máximo,
aunque haya que encontrar agujas en pajares o formar campeones
en laboratorios.
El sistema de entrenamiento cubano debe
seguirse fortaleciendo y no minimizar otras experiencias científicas
de las que también se aprende. La vinculación
de los retirados y el ejemplo perenne de cada uno de ellos
debe constituir la fuente primaria de motivación para
que niños decidan recorrer kilómetros y más
kilómetros por horas, días y años.
Ahí descansa el futuro, en los niños.
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