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¿Boxeo femenino en Beijing?

Por Joel García

Pugilistas femeninas en el cuadrilátero.
Aunque la señora De Frank piense lo contrario, la imagen es más que elocuente en cuanto a feminidad.
(Foto: Archivo)

Hay deportes que por su naturaleza parecen pintados para mujeres, y otros que, a fuerza de una falsa igualdad, quieren tenerlas como atractivo adicional. En el primer caso clasifican la gimnasia, el patinaje, el nado sincronizado, entre otras; mientras que en los últimos figura como eje más repudiable el boxeo, una disciplina ruda, de enormes ganancias en el mundo profesional, y que aspira a entrar en su versión femenina para los Juegos Olímpicos de Beijing del 2008.

Así lo anunció en Marruecos la estadounidense Anita De Frank, presidenta de la comisión del deporte femenino en el Comité Olímpico Internacional (COI). “El boxeo femenino podría formar parte de los Juegos desde esa fecha y con ello alcanzaríamos la igualdad con el deporte masculino”, explicó como si estuviera refiriéndose a algo verdaderamente acariciado por la mayoría de los países o a un suceso de mínima trascendencia.

Ofensa inaceptable para muchos
La entrada de disciplinas al programa olímpico siempre es motivo de discordia, pero también de muchos intereses fuera del deporte. No debemos olvidar los comentarios sobre la salida del béisbol y el softbol de las citas cuatrienales, algo pospuesto hasta el 2012. Pero el caso de las damas sobre un ring parece tener profundos componentes de escándalo, morbo y violencia, patrones inconcebibles en los ideales fundacionales del COI.

En épocas recientes, la irrupción del judo y la lucha para mujeres (ambos en la última década del siglo XX) levantó la polémica sobre si era posible o no la igualdad total en las disciplinas que intervienen en lides estivales. Cuba suscribió la primera y no la segunda —y mucho menos apoyará el boxeo—, por un principio de conservación elemental de la belleza física y espiritual de las damas, sin maniqueísmo o simplificaciones sobre cómo deben ganar —y de hecho ganan— terrenos los derechos de la mujer en el deporte mundial.

La acción violenta de todos los deportes de combate es repulsiva para muchos, incluso para los “invencibles hombres”. A los que seguimos creyendo en la delicadeza y dulzura de nuestras madres, hijas, esposas o hermanas nos cuesta trabajo concebirlas para una pelea tosca y viril e pos de u medalla. Y no es el debate machista el que se impone, sino un razonamiento elemental: ¿interesa más la igualdad impuesta a la fuerza o la plena igualdad donde existan las condiciones mínimas para ello?

Es bueno reflexionar acerca de las coincidencias de criterios desde puntos de vista diferentes. Una reciente encuesta de un sitio en Internet reflejó que las protagonistas —es decir, las propias mujeres— ven el boxeo demasiado violento, agresivo y repugnante, mientras su contraparte masculina piensa que ellas pierden mucho de su feminidad cada vez que suben al cuadrilátero.

Sin embargo, todos coincidimos en que no es igual el ippón (máxima proyección del judo) en un tatami al nocao sobre un ring o el supley sobre el colchón. Incluso, en el arte marcial milenario (entiéndase judo), la televisión no posa sus ojos porque lo considera pasivo y hasta poco atractivo. Todo lo contrario sucede en las peleas de las pugilistas —ya existen campeonatos del mundo profesionales que son televisados—, donde los más complacidos resultan ser los billetes de los apostadores, managers o patrocinadores.

Fenómeno mundial
“Si consideramos que hasta 1976 el básquetbol femenino no fue aceptado en los Juegos Olímpicos, sería una extraordinaria conquista el ingreso del boxeo para damas en el 2008”, agregó la norteña Anita De Frank en su defensa de esta versión femenina de la disciplina, que pugna por la entrada olímpica desde hace apenas ocho años.

Los seguidores de tal propuesta en todo el planeta han argumentado lo atractivo del entrenamiento amateur de boxeo, pues desarrolla la coordinación, potencia de la elasticidad, combina ejercicios aeróbicos, desarrolla tanto brazos como piernas, se concentra en el trabajo de cintura, colabora en el desarrollo d una buena función cardio-respiratoria y, sobre todo, tiene efectos antiestrés.

¿Y otros entrenamientos de otras disciplinas no logran similares o superiores efectos? ¿Por qué muchas boxeadoras hablan menos del entrenamiento y más del morbo de sus pleitos? ¿Dónde quedan las graves consecuencias físicas y mentales de esta disciplina en el mundo profesional, con sonados ejemplos de boxeadores campeones mundiales? ¿Será más saludable para una mujer el boxeo que simples ejercicios aerobios?

Peligroso es el fenómeno mundial que va levantando esta iniciativa de incluir a las mujeres entre doce cuerdas para la mayor fiesta del músculo en la capital china, constatado en la Conferencia Internacional sobre la Mujer y el Deporte donde se efectuó el anuncio. La algarabía de los que pagan bien va en serio y ojalá quede solo en algarabía.

 

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