Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

IX Congreso de la UJC
Logotipo del IX Congreso de la UJC.

Goles a una portería difícil

Por Joel García

Niños jugando fútbol.
Hay que inculcar el amor al fútbol desde la infancia.
(Foto: Archivo)

Desde la cita de México en 1986, y cada cuatro años, todos los cubanos disfrutamos los campeonatos mundiales de fútbol. Para más atracción y regocijo de nuestros aficionados al más universal de los deportes, desde el 2004 se sumó la transmisión televisiva de la Eurocopa, catalogado entre los certámenes más importantes y seguidos del orbe, detrás de los Juegos Olímpicos y de los propios mundiales de fútbol y atletismo.

Tal promoción visual tiene su efecto inmediato en la Isla, aunque desde hace más de 90 años se practica este deporte entre nosotros. El bien llamado efecto GOL y la propia dinámica de las selecciones cubanas en todas las categorías durante las eliminatorias mundialistas han motivado más de una polémica atrevida entre especialistas, atletas y aficionados.

No son pocos los defensores de que Cuba está cada vez más cerca de asistir a una lid planetaria del balón —basado en los empates con Costa Rica en junio del 2004 en la primera fase eliminatoria del mundial de Alemania 2006—, en tanto otros vislumbran ese camino más largo, pues aún resultan insuficientes las notas de pasividad, cultura y amor que exige esta mítica disciplina para entrar en la cumbre de un evento tan cotizado.

El más cercano propósito de nuestras autoridades deportivas es agigantar a pasos acelerados su práctica en cada batey, comunidad y pueblo desde edades tempranas. Los miles de balones que inundan las calles cubanas desde hace unos años son aromas de un perfume que no acaba de reunir fijador. Ruedan sólo por temporadas casi siempre asociadas a los grandes eventos internacionales, y no a nuestros campeonatos nacionales.

Sin remontarnos mucho a la historia del balompié, nuestros desempeños hablan de poco avance y medallas en lides regionales, hemisféricas o mundiales. En centroamericanos y panamericanos archivamos apenas una plata continental en 1979, mientras en las únicas justas planetarias que hemos concurrido, categoría sub 17, Escocia 1989 e Italia 1990, terminamos en el decimosexto puesto, al igual que en otra modalidad reciente, el fútbol de salón, en los torneos del orbe de 1996 y 2000.

¿Han faltado recursos o talento deportivo? Es necesario incorporar a nuestra cultura social los goles y las gambetas, para alcanzar decorosos lugares en torneos internacionales. Nuestro fútbol carece de una cualidad fundamental para tocar la gloria: alma y corazón en varias generaciones pasadas y presentes.

Los empeñados en demostrar que todo se resuelve con más dinero y topes en el exterior, han chocado una y otra vez con la realidad de que no se puede ser bueno en patio ajeno si antes no lo somos en casa. Aprovechar la furia temporal de Copas del Mundo u otros eventos dará a las piernas infantiles y juveniles ganas de jugar pero el talento natural nace, no puede forzarse ni crearse en laboratorios.

Cultura futbolística es la huella que motiva, emociona y sangra a todo un pueblo por su equipo, tal y como ocurre en Brasil, Argentina, Europa y hasta en la olvidada África. Cuba podrá llegar a una Copa Mundial sin milagros cuando todos tengamos esa alma por el gambeteo y los goles que hacen universal este deporte, tal y como nos motiva, emociona y sangran nuestras venas por un partido de béisbol de nuestra selección nacional.

 

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,

Casa Editora Abril, 2
006
 
Edición de papel