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Teatro de la Caridad

Por Ovidio Cosme Díaz Benítez, Historiador de la Ciudad de Santa Clara.

Teatro La Caridad, en Santa Clara.
Teatro La Caridad, en Santa Clara.
(Foto: Archivo)

El 15 septiembre de 1885 en la reunión ordinaria en segunda convocatoria del Ayuntamiento de nuestra ciudad y bajo la presidencia de su Alcalde Rafael Tristá y los nueve concejales presentes se dedicó especial atención a tratar los asuntos relativos a la administración del recién inaugurado Teatro la Caridad, que ocupó una extensión superficial de 1950,48 metros cuadrados, incluyendo restaurante, barbería y espacio para sociedades de recreo.

El 8 de septiembre abrió sus puertas la sobria instalación; que por iniciativa de la Ilustre Marta de los Ángeles Abreu de Estévez se realizó para con sus ganancias hacer obras caritativas y perpetuar la memoria de sus padres; de ahí su nombre, unido a que fue precisamente el día de la Virgen de la Caridad del Cobre; patrona de Cuba que sus primeros visitantes pudieron observar y admirar la elegante decoración, expresión del buen gusto y reconocimiento a los altos valores de la cultura nacional y universal.

El cubano Miguel Melero; destacado pintor y profesor de la Escuela de San Alejandro, realizó los bustos de Calderón y Echegaray; el ilustre escenógrafo español Miguel Arias laboró en los diversos telones y la escenografía, por otra parte la decoración a relieve situada en la embocadura y el conjunto escultórico para el frontón estuvo a cargo del ingenio de Bossi. El pintor Filipino Camilo Salaya, graduado de la academia madrileña San Fernando, tuvo a su cargo la decoración del cielo raso y los laterales de la parte superior de la boca escena.

Hoy pueden admirarse, gracias a un riguroso proceso de restauración practicado hace algunos años, alegorías, retratos y representaciones que nos permiten recorrer los caminos de la más exquisita creación artística de los hombres a través del tiempo.

La nueva instalación se erigió en el espacio que ocupó la Ermita de la Candelaria; primer templo que tuvo la Villa y que había sido construido en 1696 por iniciativa del Benefactor Padre Juan de Conyedo. En 1849 fue convertido en Cuartel y posteriormente en Oficinas de Telégrafos hasta su total demolición en 1884. Para perpetuar su huella y dar un sentido de continuidad, La Ermita de la Candelaria, quedó estampada sobre el telón de entre actos de la naciente obra arquitectónica.

Con anterioridad a la construcción del Teatro La Caridad, existían en nuestra Isla otros similares, así tenemos: el Teatro de la Marina en Santiago de Cuba (1823), el Brunet en Trinidad (1840), el Principal de Camagüey (1850) , el Sauto de Matanzas (1863),y posteriormente, en 1890 se erigió el Terry en la vecina ciudad de Cienfuegos. En tal sentido, la construcción de estas instalaciones en Cuba constituyó una peculiaridad en las ciudades cubanas más importantes del siglo XIX.

La propuesta de la construcción del teatro se hizo saber al Ayuntamiento de Santa Clara en diciembre de 1883, el Dr. Don Luis Estévez y Romero tuvo a su cargo las gestiones para la adquisición del terreno y apoyó incondicionalmente la decisión de su esposa. El Ayuntamiento de total acuerdo aceptó y aprobó la propuesta.

En agosto de 1885 se dio por terminada la construcción del edificio teatro, proyectado por el Ingeniero Don Herminio Leiva y Aguilera, acordándose su inauguración para el 8 de septiembre del propio año. La buena nueva se le hizo saber al Capitán General de la Isla para que asistiera, lo que no fue posible, según hizo saber al Gobierno de la ciudad por sus muchas ocupaciones de trabajo, aunque agradeció la invitación que se le hiciera.

Rafael Tristá, como Alcalde Presidente del Ayuntamiento de la ciudad capital, acompañado de concejales y autoridades tuvo a su cargo la apertura del acto. Le siguió el discurso del autonomista Rafael Montoro. A la escena subieron aficionados locales con la obra “Los Lazos de la Familia” y el artista Camilo Salaya dio lectura a la poesía ‘A Villa Clara’. Cerró la noche teatral la polska “La Pasionaria”.

Como parte de las actividades de inauguración, los habitantes de la ciudad y de otros lugares de la provincia ofrecieron al día siguiente su agradecimiento a Marta y esposo en el propio teatro. Fueron conducidos sobre una alfombra de flores naturales y se le obsequió, a la benefactora, una medalla conmemorativa a nombre del pueblo, también se presentó un grupo de aficionados que deleitaron a los presentes con la obra dramática “La Caridad”, y para cerrar la noche un grupo de solistas locales brindaron su talento artístico.

Seis días después, a propuesta del Concejal Juan Manuel Martínez, el Ayuntamiento aprobó por acuerdo unánime otorgar al Dr. Luis Estévez Romero la condición de hijo ilustre de la ciudad teniendo en cuenta los valiosos servicios que ha prestado a esta en unión de su esposa. Años más tarde, el 4 de abril de 1894, bajo la presidencia del Alcalde Martínez Pupo y a solicitud de los vecinos de la calle San Juan Bautista se le cambió el nombre por el de Estévez, como gratitud a la familia de Marta; catorce días después se modificó el acuerdo y se decidió nombrar a la calle Luis Estévez en honor a éste y evitar que en un futuro pudiera ser confundido con un apellido similar; además, se le nombró Hijo Adoptivo de la Ciudad.

Las publicaciones periódicas locales, nacionales y también algunas publicaciones en España reflejaron lo que fue para los santaclareños un hecho de trascendental significado histórico-cultural.

Sin dudas, a partir de ese momento y hasta hoy, el teatro La Caridad ha sido una de las plazas culturales más relevantes del quehacer artístico de Santa Clara y de Cuba. Unido a la presencia en su escenario de prestigiosas compañías y artistas del exterior. También en él se han desarrollado importantes actos, conmemoraciones y reuniones bajo la dirección del Partido, el Gobierno y con la participación de las organizaciones de masas y el pueblo en general.

Testigo permanente durante 117 años de aciertos y desaciertos, del buen arte ejecutado por músicos, bailarines, actores dramáticos y artistas plásticos, aficionados y profesionales, de la preocupación y ocupación de muchos hombres y mujeres porque por siempre y para siempre esté entre nosotros nuestro teatro la Caridad, que no es solo Monumento Nacional sino que es por excelencia un Monumento a la vida, porque seguirá siendo su existencia la prueba de lo que seamos capaces de hacer por él.

 

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