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Farándula

Sin falsas modestias: Soy muy trabajadora
Hoy son escasos los jóvenes populares —con carisma— en los medios de comunicación y ella ha logrado mostrar su dominio telegénico en un espacio audiovisual que ha subido la parada en cuestiones de realización.

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9 Jul 2018

 

Camila Arteche entretiene las noches domingueras de la televisión cubana. Bailando en Cuba, ese espectáculo tan celebrado por la teleaudiencia pareciera ser su reino televisivo de toda la vida.

Hoy son escasos los jóvenes populares —con carisma— en los medios de comunicación y ella ha logrado mostrar su dominio telegénico en un espacio audiovisual que ha subido la parada en cuestiones de realización. Pero el camino hasta aquí no ha sido nada fácil. Ha llevado estudio, disciplina y mucho sacrificio, porque a veces la belleza no es suficiente.

Muy pocos conocen que se pone muy nerviosa antes de salir al escenario, tanto que le sudan las manos y siente como sus orejas se calientan. Confiesa que su madre la llamó Camila gracias a una película argentina, de finales de los años ochenta, vista en los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano.

El espacio por donde camina esta mujer cubana se estrecha cuando estás a su lado. Es muy pública y eso puede hacerla, hasta cierto punto, invisible en sus aspectos más mundanos. En los detalles. Ya sabemos la fascinación de la naturaleza humana por lo espectacular.

Algo hicimos para salir de esa burbuja y así la conversación transcurrió fluida y sin contratiempos. La también actriz rió sin demasiada medida, confesó sus rutinas diarias y sus miedos más íntimos. Me contó su historia: la de una chica que tiene miedo a la soledad.

SJ: He leído por ahí que desde muy niña estuviste ligada al arte. ¿Cómo empezaste en la actuación?

“Casi desde que nací tenía claro lo que quería hacer. En mi cabeza no cabía otra cosa. Mi padre, que es como un artista frustrado, me disfrazaba todo el tiempo, jugando. Mi mamá me llevaba a un montón de obras de teatro y siempre me rodeó de ese ambiente.

“En la primaria tuve una profesora que se llamaba Santa y su sobrina estudiaba con el profesor de títeres Leonilo Guerra. Ella le dijo a mi madre que me llevara a esas clases. Ahí empezaron mis sesiones de actuación y títeres.

“Por esa época también comencé a hacer radio en la emisora COCO, en un programa que se llama Cuenta con nosotros, y después, en Radio Ciudad de La Habana, en Buenos días, personita; muy difícil, porque se transmitía en vivo”.

SJ: ¿Y la secundaria?

“En esa etapa seguí en la radio y también integré un grupo, aficionados cuando aquello, que se llama Berenjena Teatro. Con ellos hice, y sigo haciendo obras e incluso me he atrevido como asistente de dirección. La directora es como mi segunda madre. Permanecí allí hasta que entré en la Escuela Nacional de Arte (ENA)”.

SJ: ¿Cómo viviste las pruebas de aptitud?

“Imagínate, mi mamá me dijo que debíamos pensar en una segunda opción, por si no ingresaba. Le dije que estaba dispuesta a quedarme un año sin estudiar hasta que llegara la próxima convocatoria. Ella se horrorizó”.

 

 

                                                                Sigue...

 

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