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Farándula

Marlon: Moviendo montañas
Marlon Fernández es un joven cubano de pura cepa, que de niño solía divertirse pregonando mercancías del agromercado cercano a su casa porque disfrutaba inventándose melodías

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15 Sep 2016

 

 

Marlon Fernández es un joven cubano de pura cepa. Vivaz, hiperactivo, dinámico… De niño solía divertirse pregonando mercancías del agromercado cercano a su casa en La Habana, no porque se lo exigiera trabajo alguno, sino porque —conocedor de su prodigiosa voz— disfrutaba inventándose melodías que mucho ayudaban a los vendedores.

Sin embargo, su talento se disparó cuando tras emigrar con su familia a los Estados Unidos se dio a conocer todavía siendo un adolescente, que como embajador de la música popular cubana arrasaba en cuanto escenario se presentaba.

Cubano al fin, no olvida sus orígenes y en todo momento reclama la paz a través de su arte. De cualquier modo, Marlon sigue siendo esa persona sencilla y cordial, a quien no le se sube la fama a la cabeza y, sin reparos, respondió vía email la siguiente exclusiva para Somos Jóvenes.

SJ: ¿Cómo se autodefiniría Marlon?

“Me defino como una persona alegre, sencilla, familiar, luchadora y dedicada”.

SJ: ¿Eres de los que consideras que naciste para cantar, o el canto llegó por casualidad o accidente a tu vida?

“Diría que me siento bien cuando lo hago. Es un escape a mis sentimientos y emociones. Dios me dio ese regalo de cantar y hacer sentir bien a mi gente”.

SJ: ¿Qué recuerdos atesoras de tu infancia y adolescencia?

“Me acuerdo de mis maestras de la infancia, que las volvía locas pero me querían mucho. No era un niño malcriado, solo que nunca estaba quieto y siempre con mis ocurrencias hacía reír a los que estaban alrededor. En mi barrio tenía muchas amistades y la casa de mis viejos siempre estaba llena de gente. Teníamos una tarima en el mercado agropecuario en La Lisa, mi barrio, y allí yo pregonaba: ‘¡Arroz, judías y frijoles negros! ¡Mira qué guajirito más noble, yo si vendo barato!’. La gente se reía muchísimo. ¡Qué días aquellos!”.

SJ: Se sabe de tu extraordinaria voz y tu talento indiscutible. ¿Influyó en ello alguien de tu familia o tuviste alguna preparación profesional de antemano?

“Mi talento indiscutiblemente me lo dio Dios. Mi familia es alegre, mi madre se pasaba cantando en la casa y yo la seguía. Esa ha sido la única influencia y preparación que tuve, y me gustaba”.

SJ: A tu juicio, ¿cuáles son las cualidades fundamentales que no deben faltar en un artista?

“Para mí un artista debe tener humildad, talento, amor a lo que hace, dedicación y respeto a quien nos debemos, a nuestro público”.

SJ: Muy temprano, recibiste premios que muchos envidiarían. ¿Qué significa para ti esa experiencia? ¿No te envaneces con ello?

“Siempre trato de hacer las cosas bien en mi carrera y cuando otros te lo hacen saber reconociéndotelo con algún mérito te llena de satisfacción y alegría. No es orgullo, es que te hacen saber que lo estás haciendo bien y les gusta, y eso a uno le da alegría que otros como tu disfruten de lo que haces. Eso anima a uno”.

SJ: ¿Cómo se desarrolla tu vida fuera del escenario?

“Un hombre luchador, siempre haciendo cosas con mi familia, buen hijo, me encanta estar en mi hogar con mi esposa e hijos. Alegre”.

SJ: Algún mensaje que quieras enviarle a la juventud en general y a la cubana en particular.

“A los jóvenes y no tan jóvenes. No paren de soñar, ni de luchar por lo que quieren ‘El querer es poder’ y la fe mueve montañas. Dios siempre te abre puertas cuando menos lo esperas”.

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