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Farándula

Sin miedo a las etiquetas
En varias entrevistas David Blanco ha dejado claro que las clasificaciones le tienen sin cuidado: él hace auténtica música cubana de estos tiempos y nada más

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16 Jul 2015

 

(Publicado en 2008)

 

Para algunos, ligero y comercial; según otros, digno exponente del arte popular, amparado en una sólida formación académica, lo cual le permite jugar con múltiples referentes sonoros, foráneos y locales.

Sin embargo, en varias entrevistas David Blanco ha dejado claro que las clasificaciones le tienen sin cuidado: él hace auténtica música cubana de estos tiempos y nada más. Claro que no por ello los censores le han quitado el ojo de encima. Al artista le tocó la suerte de conocer el éxito desde su primer disco, y eso despierta siempre la sospecha acerca del más abierto facilismo.

Y es que Blanco se adscribe a la oleada de jóvenes talentos que desde finales de los 90 e inicios de la nueva centuria se aventuró a defender el pop?rock, género polémico como ningún otro, de exigua presencia hasta esa fecha en la Isla Mayor de las Antillas, aunque con algunos antecedentes nacionales de relevancia, entre ellos la agrupación Monte de Espuma, la cantante Tanya Rodríguez o el grupo Frecuencia Mod,

Asimismo, la generación de David tampoco lo tuvo fácil al irrumpir en un panorama sonoro dominado durante cerca de diez años por la timba.

Somos Jóvenes le abrió sus páginas en 2006 para conocer los puntos de vista del infatigable creador. Tres años después perseveramos en el empeño por acercarnos a este hombre que no siente el menor remordimiento tras haber sonado su “pachanga”, ver a medio mundo “dancing con el despecha’o”, y acometer en 2009 la más radical “evolución”.

SJ: Tu obra es considerada en ocasiones un simple fenómeno de mercado, pese a reciclar lo mejor de nuestra tradición musical. La desprejuiciada fusión de ritmos que acometes resulta igualmente polémica. En otras épocas te hubieran acusado de reaccionario y “extranjerizante”. ¿Cómo te planteas la dinámica entre lo nuevo y lo viejo, lo local y lo universal?

Empezaré diciéndote que no creo que haya música vieja y nueva, sino buena y mala. ¿Cuántos años tiene ya la “Novena sinfonía” de Beethoven? ¿Cuántos “Échale salsita”, deIgnacio Piñeiro? Son buenas, no pasan. Otras obras desaparecen enseguida: son malas, no quedan. La combinación de la preferencia del pueblo con la permanencia a través del tiempo, es lo que hace que una pieza trascienda.

También quisiera que no se utilice más con el sentido peyorativo y hasta mal intencionado el término “extranjerizante”. Vivimos en una etapa en que la globalización, basada en las tecnologías informáticas y de comunicaciones modernas, hace que haya un flujo artístico-musical entre todos los rincones del mundo, y de éste surge un proceso global de fusión de ritmos tremendo. Eso le quita valor –si lo tuvo alguna vez– a tal clasificación.

No creo que la globalización tienda a destruir o eliminar las músicas locales. La experiencia, los hechos, muestran que no es así. Nunca como ahora ha habido un florecimiento de géneros de todas las naciones, de diversos grupos étnicos. La globalización, lejos de ser una amenaza, constituye una gran oportunidad para difundir arte de cualquier tipo.

SJ: Ya qué defiendes con tanto fervor lo autóctono ¿podrías decirnos qué entiendes como “lo cubano”?

Para mí es una combinación de elementos: es ante todo la cultura e historia de nuestro país, es la forma en que hablamos y conformamos el idioma, es la manera en que caminamos, nos reímos, hacemos el amor o conversamos. Es lo que nos caracteriza, y creo que con la música del patio también pasa así: cuando se oye, uno puede decir: “esa es cubana”.

Yo admiro mucho a los grandes artistas de esta tierra. He mencionado con respeto y afecto a los maestros del pasado, a los cuales considero mis guías. Mi método es usar los géneros típicos que ellos inventaron y desarrollaron, como el chachachá, por ejemplo, e interpretarlos con guitarras eléctricas, batería. Entonces sale eso: le echo un poquito de rock aquí, jazz por allá, y el ajiaco resultante es mi música, que es muy cubana y popular.

SJ: Has expresado que en una etapa te planteaste realizar temas que pegaran, que se los aprendiera un millón de gente. Por otra parte también dijiste que con “Evolución”, tu reciente disco, habías descubierto para qué era el arte realmente. ¿Podríamos interpretar esto como una abierta declaración sobre el carácter comercial de tus discos anteriores?

Para empezar quiero decirte que el sueño de todo músico es que sus obras las cante y toque el mundo entero, o sea, que sean “populares”, que es aproximadamente lo mismo en nuestro contexto que “comerciales”. Tengo amigos que hacen desde timba hasta trova, y jamás han negado el deseo de ver sus piezas cantadas por muchas personas, y sus discos siendo vendidos.

Por otra parte, para que haya reproducción ampliada de la música, hay que colocarla en el mercado: ¿De dónde deben salir los recursos para confeccionar los discos? De venderlos, lógicamente. ¿Sería justo que el financiamiento saliera del trabajo de un machetero, cocinero o mecánico? ¿Sería correcto en nuestro país, que realiza tantos esfuerzos, invertir miles de pesos en la gira nacional de un artista y que nadie lo fuese a ver?

Eso no significa que deban hacerse concesiones: se puede crear un buen disco artísticamente y además comercializarlo; que las personas canten sus temas por la calle y al pasar los años permanezcan anclados en la memoria del pueblo. Eso es hermosísimo, y sale de la combinación de calidad artística y éxito de ventas. ¿Quieres canción más comercial y más artísticamente exitosa que “El manisero”, de Moisés Simons, o “Siempre en mi corazón”, de Lecuona? Mira también los ejemplos de Silvio y Pablo.

SJ: Pese a tus planteamientos, en tu nueva propuesta discográfica (“Evolución”) pareces empeñado en trascender aquella etapa de pachangueros y despecha’os. ¿Qué alentó esta necesidad de cambio y experimentación, de los cuales ha nacido, a mi entender, tu proyecto más personal?

Cada disco mío ha salido de un momento específico de mi vida. Me enorgullecen las épocas de pachanguero y de despecha´o. Por ejemplo, esta última canción es una guaracha, al estilo humorístico de Ñico Saquito, al que quise rendirle homenaje, al igual que a Compay Segundo y a toda la trova santiaguera.

Quiero decirte que “la pegada” de algunas de mis canciones opacó a otras que tuvieron una intención más social. Por ejemplo, “Unos quieren llegar primero” es un tema contra el arribismo del primer disco. No se transmitió y hasta yo mismo la canté poco. La “Conga loca”, que tuvo bastante éxito, es un número a favor de la aceptación e integración de las diferencias raciales. No sé por qué algunos gustan de no recordar ni mencionar creaciones mías de ese tipo.

Esta etapa de “Evolución” efectivamente es más personal. He querido compartir con el pueblo la concepción de la vida que tengo ahora, basada en el amor. Comparto las ideas de Buda, de Jesús, de la Madre Teresa, de Martí y de muchos más que plantean que “el amor es la fuerza que mueve la tierra”. Por eso el disco parte de esa motivación.

Musicalmente es una obra más madura, donde hay una acertada fusión de la música cubana con el rock.

SJ: Tal filosofía acerca del amor entronca con la ideología del movimiento hippie, con la música de los 60, en especial de los Beatles. ¿Crees aún en el amor como la solución de todos los problemas, incluso en la tierra (tal cual reza el número de Celina González que cierra tu disco) “donde el mambí se batía con el machete en la mano”.

La violencia y la guerra hasta ahora no ha resuelto nada, excepto garantizar otras guerras posteriores, o sea más violencia. No soy político, y tal vez haya quien discrepe. Está en su derecho. Pero la historia me da la razón. Hasta Martí, cuando organizó la guerra necesaria, lo hizo con amor, sin odio a los españoles. Mira, por ejemplo, el problema entre chiítas y sunnitas: llevan siglos matándose entre sí por razones que tal vez ni ellos conocen, a pesar de que Mahoma, su profeta, predicó el amor.

Hay que empezar amándose a sí mismos y después a los demás. Y si hay que pelear “con el machete en la mano” – y este pueblo lo hará, como lo ha hecho otras veces, ¡que a nadie le quepa duda de eso!– pues hagámoslo con amor a la Patria, a nosotros, a la humanidad, que el odio no nos deja pensar bien, pues nos nubla la razón y el corazón.

SJ: En una reciente entrevista planteabas que la distribución internacional de la música nacida en la Isla todavía no es equitativa y justa, pues se privilegian ciertos géneros. ¿Qué opinas del contexto musical cubano de ahora mismo y de los problemas que le faltan por solucionar?

Cuando un empresario en Milán o Shangai piensa en un grupo de trova santiaguera, de rumba o de sones, no va a buscarlo a México ni a Panamá; viene aquí, sin que se necesite promoción, pues son géneros históricos, que todo el mundo asocia con Cuba. Pero si quiere algo de rock, de pop latino, pues se va a otra parte. Precisamente es ahí donde tiene que intervenir la gestión inteligente de nuestros empresarios, para hacerle saber al mundo que hay mucha música nueva en Cuba, de gran calidad y de géneros diferentes.
Puedo decirte que nuestro panorama sonoro tiene una fuerza y creatividad tremendas. Se está haciendo mucha música, variada, y la mayor parte de las veces con nuestro sello de cubanía, lo cual es magnífico.

También es cierto que algunos géneros y artistas tienen mayor difusión y espacios; hay un poco de asimetría en eso. Pero yo prefiero no quejarme tanto e intentar hacer un buen trabajo: recuerda que cuando Silvio y Pablo surgieron, no los ponían ni en la TV ni en la radio, ni había internet ni MP3, ni computadoras, y mi padre me cuenta que las personas se sabían sus canciones y las transmitían en muchas ocasiones a viva voz. Era simplemente música de calidad.

SJ: Escuché que tenías entre planes realizar una ópera rock. En la memoria de los cubanos permanece anclado un proyecto similar que acometieron Edesio Alejandro y Cristina Rebull hace más de dos décadas. ¿Qué nos puedes adelantar sobre esta idea? ¿Crees que nuestro teatro musical también tiene que “evolucionar”?

Sí, tengo el sueño de esa ópera. Pero está verde todavía, por lo que no quiero hablar de eso. Me estoy preparando intuitivamente y cuando esté listo, me sentaré y lo haré. Todavía no sé cuándo ni cómo.

Yo tampoco pude ver la obra a que te refieres, pero he escuchado de ella. Creo que si Edesio la hizo, tuvo que haber sido buena, pues es un músico muy inteligente, de gran talento. Ojalá la repongan algún día.

En cuanto al teatro y la música, pues me declaro ignorante. Sólo sé que es un género muy difícil, por eso casi no se encuentra fuera de Broadway.
Si algún día puedo hacer esa ópera, tendré que pedir ayuda a teatristas que admiro, como Carlos Díaz. Ojalá me consideren con méritos suficientes como para prestarme un poco de atención y dedicarme algún tiempo.

SJ: Tras cualquier “Evolución” un artista debe transitar a una etapa de mayor madurez, o al menos, lucidez. ¿Qué traerá David Blanco en sus próximas producciones discográficas? ¿Qué tipo de música lo seguirá seduciendo?

Pues no lo sé. Lo que te puedo garantizar es que voy a seguir evolucionando, y creo que lo haré sobre la base del rock y de todos los géneros de la música cubana. Es lo mismo que he hecho hasta ahora, pero a la vez será diferente. Es la era de la evolución, la era de la explosión de amor. Trataré de que continúe así.

 

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