| Discurso
íntegro pronunciado por el General de Ejército
Raúl Castro Ruz
Compañeras y compañeros,
Combatientes de ayer, hoy y siempre:
Saludamos la presencia de entrañables amigos de la
Revolución Cubana, que nos han brindado su apoyo y
solidaridad indispensables a lo largo de los últimos
50 años de esta larga lucha por la soberanía
y la libertad. Deseo mencionar entre ellos a los representantes
de la Fundación Guayasamín y a los familiares
de ese gran amigo y pintor ecuatoriano, que concibieron el
noble gesto de homenajear al compañero Fidel en su
cumpleaños 80, ocasión que ha congregado en
La Habana a Jefes de Estado o de Gobierno, así como
otros altos dignatarios y personalidades de la vida política
y cultural de diversos países a quienes agradecemos
a nombre de nuestro pueblo el honor de acompañamos
en esta tribuna.
Nos reúne hoy aquí, además, la celebración
de un acontecimiento trascendental de nuestra historia. Conmemoramos
el quincuagésimo aniversario del desembarco del Granma
el dos de diciembre de 1956, fecha que marca el nacimiento
del Ejército Rebelde y de sus genuinas sucesoras: las
Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Al pueblo combatiente, protagonista heroico y sustento legítimo
de las Fuerzas Armadas y a su fundador y Comandante en Jefe
está dedicada la Revista Militar, que simboliza en
los bloques que desfilarán la secuencia de la hermosa
historia de 138 años de lucha del pueblo cubano por
su definitiva independencia, primero: el ejército mambí
contra el yugo colonial, después: el ejército
rebelde contra la tiranía neocolonial y ahora: las
Fuerzas Armadas Revolucionarias en defensa de la Patria, la
Revolución y el Socialismo. El mismo ejército
del pueblo en tres etapas históricas diferentes.
La ocasión es propicia para reafirmar la plena vigencia
de las palabras del compañero Fidel en el Informe Central
al Primer Congreso del Partido, hace ya 31 años, cuando
expresó:
"El Ejército Rebelde fue el alma de la Revolución.
De sus armas victoriosas emergió libre, hermosa, pujante
e invencible la patria nueva. Sus soldados reivindicaron la
sangre generosa vertida en todas las contiendas por la independencia
y con la suya propia cimentaron el presente socialista de
Cuba. Las armas arrebatadas a los opresores en épica
lucha las entregaron al pueblo y con el pueblo se fundieron,
para ser desde entonces y para siempre el pueblo armado".
Cuando"... no existía todavía (...) el
Partido que nacería después, el Ejército
fue factor de cohesión y unidad de todo el pueblo y
garantizó el poder de los trabajadores y la existencia
de la Revolución..."
Y "... Cuando se fundó el Partido, vanguardia
de nuestra clase obrera, símbolo y síntesis
de los ideales, las aspiraciones y la historia de la Revolución
cubana desde los días gloriosos de La Demajagua hasta
hoy, continuador de la obra del Partido Revolucionario de
Martí y de los intrépidos fundadores del primer
Partido marxista leninista" de Cuba, nuestro Ejército,
heredero a su vez del heroísmo y la pureza patriótica
del Ejército Libertador y continuador victorioso de
sus luchas, depositó en sus manos las banderas de la
Revolución y fue a partir de ese instante y para siempre
su más fiel, disciplinado, humilde e inconmovible seguidor".
Hasta aquí las palabras de Fidel.
También en el marco del 50 Aniversario de las FAR es
pertinente ratificar la unidad monolítica de Pueblo,
Ejército y Partido; esa unidad que echó raíces
muy profundas a lo largo de los años transcurridos
desde el triunfo revolucionario el 10 de enero de 1959; esa
unidad que es nuestra principal arma estratégica, que
ha permitido a esta pequeña isla resistir y vencer
tantas agresiones del imperialismo y sus aliados; esa unidad
que sustenta la vocación internacionalista del pueblo
cubano y que explica la proeza de sus hijos en otras tierras
del mundo, siguiendo la máxima martiana de que Patria
es Humanidad.
Vivimos un momento excepcional de la historia. A muchos les
pareció que la caída del campo socialista y
la desintegración de la Unión Soviética
representaba la derrota definitiva del movimiento revolucionario
internacional, algunos se aventuraron a sugerirnos el abandono
de los ideales a los que generaciones enteras de cubanos habían
dedicado sus vidas, mientras que el gobierno norteamericano,
con el oportunismo que lo caracteriza, iniciaba en los últimos
años una escalada sin precedentes de hostilidad y agresividad
contra Cuba en la esperanza de asfixiar económicamente
al país y derrocar a la Revolución mediante
la intensificación de la labor subversiva. En tal sentido,
grande ha sido la sorpresa y la frustración para nuestros
enemigos y mucho más grande la admiración de
las mayorías oprimidas al presenciar el ejemplo de
firmeza, ecuanimidad, madurez y confianza en sí mismo
que ha dado nuestro pueblo en los últimos cuatro meses.
A pesar de las maniobras y presiones de Estados Unidos y sus
aliados, el prestigio internacional de Cuba se ha fortalecido,
prueba de ello fue la realización exitosa en esta capital
de la décimo cuarta Conferencia Cumbre del Movimiento
de Países No Alineados el pasado mes de septiembre
y más recientemente, el récord de apoyo alcanzado
en la Asamblea General de Naciones Unidas a la resolución
de condena al bloqueo norteamericano contra nuestro país.
En América Latina, la aplicación de las recetas
neoliberales impuestas por Estados Unidos y sus socios europeos
ha conducido al continente a la triste condición de
ser la región del planeta donde resulta más
insultante y oprobiosa la opulencia de la oligarquía
estrechamente vinculada con el capital extranjero frente a
la pobreza, insalubridad e ignorancia en que vive la mayoría
de la población. Los pueblos latinoamericanos, de manera
progresiva en los últimos tiempos, han expresado su
indignación y repudio ante las políticas entreguistas
y de subordinación al imperio de los gobiernos y partidos
tradicionales. Los movimientos populares y revolucionarios
se robustecen y a pesar de las multimillonarias campañas
de desinformación, el chantaje y la injerencia descarada
de Washington; nuevos y experimentados líderes asumen
la conducción de sus naciones.
La anexión económica de América Latina
por parte de Estados Unidos a través del ALCA fue derrotada,
en su lugar surge para beneficio de las masas desposeídas
el proyecto integrador de la Alternativa Bolivariana para
las Américas, ALBA, propuesta por el Presidente y hermano,
Hugo Chávez.
Recientes acontecimientos en la arena internacional atestiguan
el fracaso de las políticas aventureras de la actual
administración norteamericana. El pueblo de ese país
demostró en las urnas el pasado 7 de noviembre su rechazo
al concepto estratégico de la guerra preventiva, el
uso de la mentira para justificar intervenciones militares,
la utilización del secuestro y las prisiones clandestinas,
así como la despreciable legalización del empleo
de métodos de tortura en la llamada guerra contra el
terrorismo.
A tres años y siete meses de la eufórica y precipitada
declaración de "misión cumplida" en
Irak por parte del Presidente Bush a bordo de un portaaviones,
continúan llegando a Estados Unidos los cadáveres
de jóvenes soldados norteamericanos, caídos
en una guerra motivada por el dominio de los recursos energéticos
de la región. Nadie se atreve ya a pronosticar su fin.
El gobierno de Estados Unidos se encuentra ante una encrucijada
sin salida: por una parte comprende que no puede prolongar
la ocupación del país y al propio tiempo, admite
que no tiene creadas las condiciones mínimas para abandonarlo
dejando sus intereses asegurados, a la vez que crece indetenible
la cifra de muertos y mutilados entre la población,
sumida en una guerra civil como consecuencia de la anarquía
y el desgobierno que generó la invasión norteamericana.
Algunos en los Estados Unidos plantean ahora simplemente retirarse
del caos creado por ellos mismos. Desconocemos qué
harán en ese caso con la OTAN, embarcada por sus socios
norteamericanos en el conflicto afgano, que también
se torna cada vez más inmanejable y peligroso.
A los ojos de todo el mundo, la llamada "cruzada contra
el terrorismo" se encamina inexorablemente a una derrota
humillante.
El pueblo norteamericano, al igual que hizo en Vietnam, pondrá
fin a estas guerras injustas y criminales. Esperamos que las
autoridades de los Estados Unidos aprendan la lección
de que la guerra no es la solución a los crecientes
problemas del planeta; que proclamar el derecho de atacar
irresponsablemente a "sesenta o más oscuros rincones"
del mundo, aún cuando ya están empantanados
en dos de ellos, hace más complejas y profundas las
diferencias con el resto de los países; que el poder
basado en la intimidación y el terror no pasará
nunca de ser una ilusión efímera y sus terribles
consecuencias para los pueblos, incluyendo el norteamericano,
están a la vista.
Estamos convencidos de que la salida a los acuciantes conflictos
que enfrenta la Humanidad no está en las guerras, sino
en las soluciones políticas. Sirva la oportunidad para
nuevamente declarar nuestra disposición de resolver
en la mesa de negociaciones el prolongado diferendo entre
Estados Unidos y Cuba, claro está, siempre que acepten,
como ya dijimos en otra ocasión, nuestra condición
de país que no tolera sombras a su independencia y
sobre la base de los principios de igualdad, reciprocidad,
no injerencia y respeto mutuo.
Mientras tanto, después de casi medio siglo, estamos
dispuestos a esperar pacientemente el momento en que se imponga
el sentido común en la conducta de los círculos
del poder en Washington.
Con independencia de ello, proseguiremos consolidando la invulnerabilidad
militar de la nación sobre la base de la concepción
estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo, cuya planificación
e introducción iniciamos hace 25 años. Este
tipo de guerra popular, como ya se ha demostrado de modo reiterado
en la historia contemporánea, es sencillamente imbatible.
Continuaremos elevando la preparación y cohesión
combativa de las tropas regulares y sus reservas, de las Milicias
de Tropas Territoriales, las Brigadas de Producción
y Defensa y los demás elementos del dispositivo defensivo
territorial, incluyendo las estructuras partidistas, estatales
y gubernamentales en todos los niveles. Seguiremos acondicionando
el Teatro de Operaciones Militares a la vez que desarrollamos
las comunicaciones y la modernización de los medios
de combate como vía para elevar sus cualidades combativas
y hacerlas corresponder con el empleo previsto en caso de
una agresión.
De la misma forma, continuaremos fortaleciendo en todos los
frentes la importante labor que realizan los abnegados combatientes
del Ministerio del Interior.
Preservaremos al precio que sea necesario la libertad del
pueblo cubano y la independencia y soberanía de la
Patria.
Con la fuerza que emana de sus centenarias luchas y con el
vigor patriótico que caracteriza a nuestro pueblo,
noble y heroico, unamos nuestras voces al exclamar:
¡Viva Fidel!
¡Viva Cuba libre!
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