| Acaríciame,
amor
Por IWC

Antes de sumergirse en las profundidades
del cuerpo, una caricia es un mensaje que puede provocar
intensos momentos de placer.
(Tomado de Archivo) |
Las caricias, los masajes sensuales,
los besos, el coito, el sexo oral, la masturbación,
son prácticas que pueden darse o no en una relación
sexual y el orden y número de estas no tienen por qué
estar marcados. Una relación sexual puede constar de
unas caricias y una práctica oral, sin que se produzca
penetración, y no por ello ese encuentro debe considerarse
“incompleto”.
Un buen consejo para variar esta percepción
sería empezar a olvidar el presupuesto de “relación
sexual igual a coito” o “esta es la antesala de…”,
“las preliminares para…”, “prolegómenos”,
ideas todas de una concepción excesivamente coital
de la sexualidad que todavía perduran en la sociedad
actual.
Históricamente han coexistido dos
posiciones fundamentales en torno al sexo: una que defiende
que la estimulación preliminar es totalmente innecesaria
para el disfrute de la pareja; mientras que otra manifiesta
lo contrario y califica de imprescindible esta antesala.
Digamos que la primera opción figuraba
como la más común entre la población
general, y la segunda era la sostenida por unos pocos iniciados
masculinos, pues las mujeres siempre han sabido y sentido
que sin preliminares el disfrute es menor.
Los hombres no necesitan
preliminares, las mujeres sí
Desde que se toma en consideración la sexualidad femenina
y su satisfacción, la corriente mayoritaria es la de
que los preliminares son importantes en las relaciones sexuales,
sobre todo, al constatar que las mujeres pueden disfrutar
del coito, pero tienen considerables “dificultades”
para excitarse y para alcanzar el orgasmo con la simple penetración
vaginal.
La consecuencia lógica de tal observación
es que a la mujer hay que darle más tiempo para que
consiga disfrutar plenamente de la relación sexual.
Bajo el concepto de esa “preparación” están
incluidos los llamados preliminares. Se ha llegado, incluso,
a sacar algunas cuentas.: según dicen, los hombres
no necesitan preliminares y alcanzan el orgasmo sobre los
dos minutos de iniciada la penetración. Las mujeres
precisan un promedio de ocho minutos de preliminares más,
y al menos otros ocho minutos de coito para alcanzar el orgasmo.
Con tales datos, es comprensible el importante
papel de las caricias y los juegos preliminares para conseguir
una relación sexual satisfactoria y gratificante en
ambos miembros de la pareja.
Acariciar es un arte
Es muy importante aprender a acariciarse y a dejarse acariciar.
No se debe concentrar únicamente en las zonas erógenas
comunes, ya que su piel está compuesta de una infinidad
de puntos sensibles que se deben descubrir día tras
día.
Cabellos: El estímulo
del cuero cabelludo produce un relajamiento muy placentero
al comienzo de la relación.
Orejas: El lóbulo
de la oreja, la cavidad del pabellón auricular y la
zona de detrás de la oreja aumentan su sensibilidad
durante la excitación sexual.
Ojos: Los nervios parasimpáticos de
los párpados pueden ser estimulados con algunos besos
suaves sobre los ojos cerrados, produciendo una relajación
que hace más placentero el contacto.
Boca y lengua: La sensibilidad
de los labios aumenta con la excitación y la lengua
permite un juego activo con las diferentes zonas del cuerpo.
Nuca, cuello y hombros:
Con las manos o la boca se pueden estimular estas zonas de
especial sensibilidad produciendo los placenteros escalofríos.
Zona axilar y cara interna del antebrazo:
La manipulación suave resulta placentera en esta zona,
pero siempre que se evite producir cosquillas. Como extensión
de la línea mamaria requiere una estimulación
muy suave.
Dedos: Su receptividad
nerviosa es utilizada continuamente para sentir las texturas,
formas y rugosidades de las cosas. Esta sensibilidad los convierte
en un medio muy adecuado para sentir el cuerpo de la pareja.
Parte interna del codo:
De carácter secundario y muy lento tiene utilidad en
combinación con otras zonas, pero no de forma independiente.
Cintura y cadera: Acaricia
suavemente toda la superficie de estas partes y combínalas
con otras de mayor intensidad.
Espalda: A los lados de
la columna vertebral se localizan una serie de nervios que
pueden estimularse de forma muy efectiva por medio oral o
manual, siempre en sentido ascendente o descendente. Frente
al hueso sacro existe una zona más sensible que el
resto.
Perineo: La zona comprendida
entre los órganos genitales y el ano resulta sensible
a la estimulación manual.
Ano: De gran sensibilidad
tanto en el hombre como en la mujer, su estimulación
sensibiliza toda la plataforma orgásmica.
La caricia en los órganos
sexuales: El sexo femenino es más complicado
que el sexo masculino. Debemos tener en cuenta que cada mujer
es diferente y por lo tanto es necesario un aprendizaje para
cada una de ellas.
El clítoris puede ser considerado
como el punto estrella de placer orgásmico femenino,
mucho más incluso que el punto G. Las caricias deben
ser adaptadas para cada sujeto. No existen reglas en la materia.
Generalmente, la suavidad y la dulzura son importantes, teniendo
en cuenta la sensibilidad del lugar. Pero algunas mujeres
aprecian una presión relativamente firme, mientras
otras no quieren que las toquen, debido a la fuerte excitación
que les producen las caricias alrededor de ciertas zonas.
Para ellas, todo contacto directo que procura sensaciones
demasiado fuertes, les resulta insoportable. Por si no lo
sabías, es lógico comenzar despacito y con suavidad,
aunque siempre les puedes preguntar lo que prefiere.
A la vagina no siempre se le aplican caricias
interiores. Sin embargo, las necesita, pues, efectivamente,
se trata de un órgano que no tiene muchas ocasiones
de contacto. Esta es la razón por la que suele estar
poco “despierta” al placer. Por ello, son muchas
las mujeres que se quejan de su falta de sensibilidad y de
la imposibilidad de alcanzar el orgasmo.
Y es normal, ya que para alcanzarlo, tienen
que aprender a disfrutar del placer de los encuentros, de
los contactos, y esto no se consigue con una sola experiencia.
Para esto se necesita de tiempo. Sobre todo, es sensible a
la presión relativamente apoyada o firme, a la lentitud
y no a las caricias vivas y ligeras, como puede ser el caso
del clítoris.
Explora todas estas facetas, insistiendo en los lados que
se encuentran cerca de la entrada de la vagina, porque pasan
por terminaciones ligadas al clítoris. Aunque en la
zona de la parte del vientre (a unos 4 centímetros
de la entrada) es donde se sitúa el famoso punto G.
Además, las sensaciones que se obtienen estimulando
la parte interna de la vagina son también muy apreciadas.
Ahora, ¿cómo prodigar las
caricias al hombre? Si imaginas el blanco de una diana con
un punto central que sería el más sensible,
este punto estaría representado por el freno del glande.
Es el lugar más reactivo al placer, el más rico
en captadores de los deleites sexuales. A continuación
le sigue la corona del glande, línea que es como un
anillo entre la zona de piel y la mucosa más rosa.
En un tercer nivel, el glande en sí mismo. Le siguen
el tronco del glande y los testículos, así como
la zona que rodea al ano.
El tronco del glande es un lugar particularmente
receptivo a las caricias marcadas. Es el cuerpo esponjoso,
cilíndrico por debajo del pene, siempre un poco blando,
incluso en erección. Le gusta que le apliquen un masaje
vigoroso y marcado.
En resumen para ellos
y ellas
Todo es cuestión de tacto y habilidad. Cuanta más
sensibilidad tengas en un punto, mayor prueba de suavidad
habrá que hacer. Pero cuidado, a pesar de las generalidades,
cada cuerpo es diferente.
Puede que tu pareja no sea como otra y prefiera
las caricias de una forma diferente. Por ello, en una pareja
es indispensable el intercambio de explicaciones, si realmente
quieren darse placer mutuamente. Tus manos, evidentemente,
son tus instrumentos naturales y sería una pena que
te privases de ellas. Pero no te olvides que tienes un cuerpo,
y que puedes utilizarlo.
Acariciar con palabras
Las mejores caricias parecen ser las de la mente. En efecto,
mientras que acaricias el cuerpo amado, piensa también
en acariciarle con tus palabras. Palabras de admiración
(háblale de hermosura, de ternura, de lo que te gusta...),
palabras de amor, excitantes (dile que le deseas, que te procura
placer…)
Y después, piensa en pedirle si quiere
más, de otra manera (más despacio, más
rápido, más fuerte...)
Hablando, aumentarás claramente
el efecto de las caricias manuales o corporales. Y recuerda
que en el espacio del amor y su realización tú,
y solo tú, eres una persona pionera y maestra al mismo
tiempo. Depende de ti el pleno goce de tu relación
y la de tu pareja.
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